José Francisco de San Martín y Matorras fue uno de los principales protagonistas de la independencia sudamericana. Su acción militar y política resultó decisiva para liberar del dominio español a Argentina, Chile y Perú, y para transformar la lucha independentista en un proyecto de alcance continental.

Por : Wenscelao Dieguez
San Martín nació en Yapeyú, actual provincia de Corrientes, el 25 de febrero de 1778, y murió en Boulogne-sur-Mer, Francia, el 17 de agosto de 1850. Poco se sabe de vida en Yapeyú y a los 12 años partió a España para comenzar su carrera militar.
Pasó buena parte de su juventud en España, donde ingresó al ejército y participó en campañas contra las fuerzas napoleónicas. Allí fue parte de las grandes campañas contra Napoleón.
Durante la invasión napoleónica de España, San Martín combatió contra las fuerzas francesas. Participó en la batalla de Bailén, librada el 19 de julio de 1808, una victoria española de enorme impacto político porque fue una de las primeras derrotas importantes sufridas por un ejército napoleónico en Europa. También intervino en otras acciones de la guerra peninsular, entre ellas la batalla de Albuera.
Su experiencia europea fue fundamental. No se trató de un militar improvisado que comenzó su carrera en 1812, sino de un oficial profesional formado en una de las principales fuerzas armadas de su tiempo. En España aprendió:
El empleo coordinado de infantería, caballería y artillería.
La importancia de la disciplina y la organización logística.
El valor de la movilidad y de la sorpresa estratégica.
La necesidad de adaptar las operaciones al terreno.
La relación entre conducción militar, inteligencia y objetivos políticos.
En los primeros años de siglo XIX entra en contacto con los “Caballeros racionales” en Cádiz, una logia masónica creada por Francisco de Miranda. Estas asociaciones reunían a militares y dirigentes americanos interesados en promover la independencia y en coordinar la acción política contra el dominio colonial. Entre los hombres vinculados a ese círculo se encontraban Carlos María de Alvear, José Moldes, Francisco de Gurruchaga y Matías Zapiola y otros protagonistas de la revolución rioplatense.
San Martín regresó al Río de la Plata en 1812, en un momento en que la revolución iniciada en Buenos Aires enfrentaba la amenaza realista y profundas divisiones internas. Era el único militar profesional, algo que lo distinguía de muchos jefes militares formados en el propio escenario revolucionario.
Poco después creó el Regimiento de Granaderos a Caballo, una unidad de caballería que se convirtió en ejemplo de instrucción, disciplina y capacidad operativa. El 3 de febrero de 1813, los granaderos vencieron en el combate de San Lorenzo a una fuerza realista desembarcada sobre el río Paraná. Aunque fue una acción limitada en escala, resultó importante para proteger las comunicaciones y las poblaciones ribereñas.
En 1814, San Martín fue designado gobernador intendente de Cuyo. Desde Mendoza comenzó a preparar el Ejército de los Andes. Allí desarrolló una tarea que combinó conducción política, administración, producción industrial y entrenamiento militar. Se fabricaron armas, municiones, uniformes y otros elementos necesarios para una campaña de montaña. También se organizaron hospitales, depósitos, servicios de transporte y sistemas de información.
En Mendoza el general comprendió que las campañas patriotas por el Alto Perú no habían logrado destruir el poder militar español. El centro principal de la dominación colonial estaba en el Perú, protegido por la geografía y por un ejército realista con importantes recursos y trazó el más audaz plan militar del continente en toda su historia: cruzar los Andes y usar al Océano Pacifico como escenario de guerra
Su plan consistió en:
Cruzar la cordillera de los Andes desde Cuyo.
Derrotar a las fuerzas españolas en Chile.
Asegurar la independencia chilena.
Crear una fuerza naval en el Pacífico.
Desembarcar en la costa peruana.
Atacar Lima y desarticular el poder virreinal.
El plan no fue una simple marcha terrestre hacia el Perú. San Martín identificó que el camino directo por el Alto Perú favorecía a los realistas y decidió cambiar el eje de operaciones. Al trasladar la guerra hacia Chile y luego al Pacífico, obligó a España a defender un frente nuevo y atacó el núcleo político del sistema colonial desde una dirección inesperada.
Los estudios sobre la organización del Ejército de los Andes suelen reconstruir el plan en dos grandes movimientos por los pasos de Los Patos y Uspallata, acompañados por columnas secundarias destinadas a dispersar y confundir al enemigo. La operación combinaba maniobra, engaño, conocimiento del terreno y concentración de fuerzas en el momento decisivo.
El cruce comenzó en enero de 1817. El Ejército de los Andes atravesó una de las regiones más difíciles del continente: pasos elevados, caminos estrechos, cambios extremos de temperatura, escasez de agua y dificultades para trasladar artillería, caballos y alimentos.
La operación fue militarmente notable por varias razones:
Se realizó por múltiples pasos para dividir la atención realista.
Utilizó información falsa y movimientos de distracción.
Adaptó el ritmo de marcha a las condiciones de la cordillera.
Transportó armamento y artillería por terrenos de gran dificultad.
Coordinó columnas separadas que debían reunirse en territorio enemigo.
El 12 de febrero de 1817, las fuerzas patriotas vencieron en Chacabuco. La victoria permitió ocupar Santiago y restablecer el proceso revolucionario chileno. Sin embargo, la guerra no terminó allí. La derrota patriota de Cancha Rayada, en marzo de 1818, mostró que la independencia todavía estaba en peligro. San Martín reorganizó sus fuerzas y el 5 de abril obtuvo el triunfo decisivo de Maipú.
Maipú consolidó la independencia de Chile y aseguró la base territorial necesaria para continuar la campaña por mar hacia el Perú. La campaña de los Andes, por lo tanto, no fue un episodio aislado, sino la primera fase de una operación de escala continental.
La liberación de Chile permitió preparar una escuadra en el Pacífico. Bajo la conducción naval de Thomas Cochrane, la expedición libertadora partió de Valparaíso el 20 de agosto de 1820. El ejército desembarcó en la costa peruana e inició una combinación de operaciones militares, presión política y negociaciones.
San Martín evitó concentrar todos sus recursos en un ataque frontal inmediato contra Lima. Buscó aislar al gobierno virreinal, fomentar el desgaste interno y obtener adhesiones entre sectores de la sociedad peruana. Esta estrategia respondía a una realidad compleja: el Perú era el centro militar del poder español, pero también un territorio atravesado por divisiones sociales, regionales y políticas.
En 1821, las autoridades virreinales abandonaron Lima. San Martín entró en la ciudad y proclamó la independencia del Perú el 28 de julio. Luego asumió como Protector, con la tarea de organizar el nuevo gobierno y continuar la lucha contra las fuerzas realistas que permanecían en otras zonas.
La independencia definitiva del Perú requirió la intervención posterior de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre. La entrevista de Guayaquil, en 1822, marcó el retiro de San Martín de la conducción militar y política. Las razones exactas de su decisión han sido discutidas, pero estuvieron relacionadas con la falta de apoyo suficiente, los conflictos políticos internos y la necesidad de evitar una disputa entre los dos grandes jefes independentistas.
El plan de San Martín es considerado una de las operaciones estratégicas más importantes de las guerras de independencia americanas. Su valor no reside solamente en el heroísmo del cruce cordillerano, sino en la articulación de diversos elementos:
Un objetivo político claro: destruir el poder español en su centro peruano.
Una maniobra indirecta: evitar el frente del Alto Perú y atacar por Chile y el Pacífico.
Una adecuada preparación logística.
El empleo de inteligencia y desinformación.
La coordinación entre fuerzas terrestres y navales.
La adaptación de la campaña a terrenos y condiciones geográficas extremas.
La subordinación de las operaciones militares a una finalidad política continental.
Por estos motivos, la campaña es analizada en estudios de historia militar y en instituciones de formación castrense, especialmente como ejemplo de planificación, logística, guerra de montaña, maniobra indirecta y cooperación entre fuerzas de distintos territorios.
Después de Guayaquil, San Martín se retiró de la vida pública americana y se estableció en Europa. No buscó convertirse en gobernante permanente de los territorios liberados. Esa decisión fue coherente con una concepción según la cual la autoridad militar debía estar subordinada a la independencia política y no transformarse en una dictadura personal.
La importancia de sus campañas para la formación de los países sudamericanos fue enorme. La victoria de Chacabuco permitió recuperar Chile; Maipú consolidó su independencia; y la expedición al Perú llevó la guerra al corazón del dominio español. De ese modo, San Martín no sólo contribuyó a la creación de nuevos Estados, sino que modificó la estructura política de todo el sur de América.
Su mayor mérito estratégico fue comprender que las independencias nacionales no podían asegurarse de manera aislada. Para que Argentina, Chile y Perú fueran verdaderamente libres, era necesario derrotar al sistema colonial como conjunto. Esa visión continental convierte a San Martín en una de las figuras militares y políticas más importantes de la historia moderna de América.



