Falta de tino, militancia extrema y una forma de hacer política que destruye más de lo que edifica, es lo que podría decirse de lo pasa entre los militantes libertario de Salta, más movidos por la emulación de los malos modos del presidente, que por los enormes avances obtenidos durante su gestión.

Por Wenceslao Dieguez
Lo de Roque Cornejo senador por la Capital salteña, es imperdonable. Su éxito político se basó en el respeto, las decisiones pensadas y ante todo el respeto a los otros, algo que lo diferenciaba del resto. Todo esto se tiró a la basura en un solo momento.
Durante el acto por la llegada del Tren 25 de mayo a Campo Quijano, Roque Cornejo, intentó posicionarse delante del gobernador Gustavo Sáenz para presentar a la ministra Sandra Pettovello a la barra de militantes libertarios locales que buscaba la unción por parte de la funcionaria nacional. Lo de Cornejo fue lo mismo que usa un barrabrava para copar una tribuna.
No solo rompió el protocolo, sino que se negó a saludar al gobernador, algo innecesario y fuera de toda lógica cívica.
Sáenz, sorprendido por la falta de respeto de Cornejo, marcó territorio inmediatamente. Mientras Cornejo se desesperaba por mostrarle gente a Pettovello, el mandatario provincial se presentó solo: “¿Qué tal? ¡Buen día! El gobernador, un gusto”, espetó el mandatario, que de inmediato procedió a separarse del grupo que pretendía monopolizar Cornejo. Sin embargo, Sandra Pettovello dejó a Cornejo hablando solo, mientras alguien le explicaba: “esos son los gestos que se viven acá todos los días, ministra”.
La ausencia de inteligencia, política y sensatez, llevó a un grupo de personas que se creían superiores morales al kirchnerismo, a arrogarse el derecho divino de atropellar a todos. Una aclaración necesaria, hasta el más abyecto de los seres humanos es moralmente superior a un kirchnerista.
En ningún momento se detuvieron a pensar que ese pedestal en el que se encuentran parados fue construido por el kirchnerismo y que les permitió acusar a todos de inmorales, mientras se robaban todo un país, tampoco se detuvieron en analizar que su candidatos o funcionarios electos, uno a uno caían bajo acusaciones de abuso, o que uno de ellos, Carlos Maldonado, “transará” con el kirchnerismo para quedarse con la presidencia de un concejo deliberante.
No dieron explicaciones, ni se detuvieron a pensar que la enrome mayoría de su “militancia”, no están preparada y no sabe manejar las pequeñas y absurdas cuotas de poder que les otorgó voto popular.
“No sé lo que quiero, pero lo quiero ya”, la frase le pertenece a Lucas Prodan y los pintan de cuerpo entero, por más que no tengan la más pálida idea de quien era Prodan o música en general.
Y esto es otra característica, la ignorancia supina que los dibuja, pero que en nada los frena. Un tik tok es una propuesta política, reels con muchas vistas es tomado como el triunfo de la escuela austriaca en un mundo dominado por el estatismo y los pantalones chupines y el saco azul, la armadura del caballero perfecto. Y este es su verdadero y único aporte a la política, cambiaron la campera de jeans y el pañuelo árabe, por el chupín y el saco.
Todo esto resultaría anecdótico, si el desprecio por el otro no entrase en la ecuación, pero la variable está y duele. En los 70, el adversario se transformó en un enemigo y un dirigente en un objetivo militar. Pasaron décadas y nada aprendimos.
Hace unos días, frente a un vagón de tren, el odio y la soberbia venció a la civilidad y la genuflexión de un legislador tiró bajo del andén el comportamiento democrático que tantas generaciones de argentinos lograron imponer en estas tierras y eso está muy mal.



