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Pobre memoria

Aunque parezca mentira en medio de la pandemia el busto que homenajea a Arturo Oñativia fue retirado de la plazoleta que recuerda al ilustre sanitarista mientras que la obra de su hermano Oscar para evitar la deserción escolar es ignorada por las autoridades educativas.
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Cuenta la leyenda popular que los aristócratas y oligarcas salteños, descendientes directos de aquellos que lo traicionaron y lo llevaron a la muerte, se negaron a ubicar el Monumento al General Martín Miguel de Güemes en el centro de la ciudad y lo empujaron a la periferia, al pie del cerro.

La ciudad creció y, justicia poética, el memorial al mejor hijo de esta tierra quedó incorporado al paisaje urbano salteño. Sin ese odio de clase, pero con la misma brutalidad y torpeza otros ilustres comprovincianos sufren ahora el maltrato a su memoria.

Hace unos meses, sin permiso de las autoridades municipales y sin argumento alguno, el busto del Dr. Arturo Oñativia fue retirado de la plazoleta ubicada en cercanías del Colegio Nacional. El espacio público ubicado en la intersección de pasaje Zorrilla, calle Las Heras y avenida Bicentenario de la Batalla de Salta es apadrinado por la Inmobiliaria Escudero y utilizado por el Círculo Médico para pequeñas actividades conmemorativas. Allí, sin explicación alguna y por personas sin el permiso correspondiente, se reemplazó la imagen del ilustre sanitarista por una intervención artística abstracta que se supone “recuerda a todos los trabajadores de la salud” aunque los vecinos describen como “un tender para secar la ropa”.

Médico, docente, investigador y político, Arturo Oñativia fue responsable de la erradicación de la enfermedad del Bocio Endémico, a través de la Ley de Iodación de la Sal de Consumo Doméstico y de la creación del Servicio Nacional de Agua Potable. También, entre muchas otras cosas, como ministro de Salud Pública fue responsable en 1964 de la Ley Nacional de Medicamentos popularmente conocida como “Ley Oñativia” que estableció control de precios y límites al pago de regalías por parte de los laboratorios multinacionales, control de calidad de los medicamentos y prescripción de recetas según medicamentos genéricos.

Su inmenso legado merece no sólo un monumento, que por supuesto debe ser restablecido de manera inmediata por las autoridades municipales y provinciales que ya se comprometieron a hacerlo, si no y sobre todo la continuidad en las políticas de salud pública. En idéntico sentido, merece reconocimiento y un urgente restablecimiento el legado de su hermano, el Dr. Oscar Oñativia.

Doctor en Filosofía y Letras, docente e investigador, catedrático en universidades de América y Europa, en 1957 fundó el Departamento de PsicologíaEscolar y Asistencia Escolar destinado a contener en las escuelas a los niños que por dificultades de aprendizaje o problemas socioeconómicos estaban condenados a la deserción del nivel primario.

Con brutal indolencia hace ya largas semanas el ministro de Educación, Matías Cánepa, reconoció en la Legislatura que la deserción escolar en el nivel secundario llega al 50%. Hasta el momento ni el ministro ni el gobernador Gustavo Sáenz anunciaron qué harán para revertir ese dramático indicador y reincorporar a los adolescentes al sistema educativo.

Hace más de 60 años el Dr. Oñativia ideó un método para lograrlo. En el Departamento de Psicología conformó equipos interdisciplinarios integrados por psicólogos, psicopedagogos, fonoaudiólogos y asistentes sociales para que trabajen en las escuelas, identifiquen las dificultades madurativas y de aprendizaje de los niños y los acompañen en el proceso educativo.

Oñativia redujo notablemente la deserción escolar en la provincia porque contenía a los chicos en las aulas y si alguno desertaba lo iba a buscar con un equipo profesional. Eso mismo debe hacer Cánepa. No tiene que inventar nada, solo tiene que dar continuidad con la actualización correspondiente a la enseñanza del ilustre educador salteño.

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