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Sísifo y Procusto

Como Sísifo, algunas personas estamos dispuestas a superar imposiciones globales con la propia convicción de sabernos con el poder para hacerlo y defender la vida en su sentido más amplio, otros como Procusto deformarán los datos de la realidad, cortando miembros y estirando coyunturas para que se adapten a sus int
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Leemos que el aumento de los precios a nivel internacional compensa el rinde, leemos que este año (2021) se exportó por un valor de 5.025 millones de dólares según los datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, debido a un alza de los commodities como respuesta a la demanda de China. Todo esto con una superficie de monocultivo enorme y creciendo con unas tasas elevadísimas, generando como resultado una enorme pérdida de biodiversidad que deriva en una crisis ambiental subvalorada.

El bienestar de las personas se encuentra en una franja cuyo techo está definido por el ambiente no por la economía. El actual modelo económico prima la acumulación de bienes de consumo sobre casi cualquier otra cosa, el “desarrollo” se simplifica considerando solamente la acumulación de capital sin tener en cuenta limites ambientales. Este modelo global deriva en una baja en la calidad de vida de las personas a través de procesos de deterioro del planeta que derivan en falta de alimentos, agua, emergencia de enfermedades, conflictos bélicos, entre los más frecuentes.

Ahora bien, ¿qué ocurre en nuestra región? “Por suerte el mundo esta tan lejos” decía la estereotipada Susanita del genial Quino, pero el mundo actual con un proceso de globalización/homogenización feroz durante los últimos 30 años nos acercó más. El planeta, en términos relativos, es más chico. Esto hace que, por ejemplo, el precio del territorio en el Noroeste Argentino se rija por fluctuaciones de la economía en China. En este punto nos surge una pregunta: ¿cuál es el valor que tiene nuestro monte?

¡Ojo! Digo valor y no precio. El precio es calculado casi arbitrariamente, el negocio inmobiliario y agroindustrial le pone precio diariamente (y en dólares), pero mi duda es si tienen en cuenta los servicios ambientales en la ponderación. En este punto es importante aclarar que nos hicieron creen que no hay alternativa al modelo económico actual, pero los modelos son desarrollados por personas y las personas pueden cambiarlos. También nos hicieron creer que se trata de un simple debate teórico de intelectuales, pero los datos empíricos indican que el este modelo económico a su ritmo actual no es sostenible. La buena noticia es que en el hemisferio sur todavía tenemos la oportunidad de hacer las cosas diferentes, desglobalizarnos.

A pesar del avance acelerado de la frontera agropecuaria, Sudamérica aún mantiene grandes extensiones de ambientes naturales que pueden ser utilizados y manejados bajo modelos más sustentables. Este modelo en principio debe tener una base social que garantice que nadie se quede corto en las necesidades y derechos básicos, y un techo ambiental que garanticé que la humanidad no sobrepase los límites del planeta, este es el espacio en el que la humanidad puede prosperar.

El problema de este modelo es que nos iguala y la cultura actual es el de la desigualdad. Las teorías económicas más ortodoxas de siglo pasado se centraron únicamente en el valor que genera el mercado, incluso por encima del estado. Actualmente la narrativa predominante es la lucha entre el mercado y el Estado, y que es una dicotomía, debemos elegir entre uno y el otro. La realidad es que la situación es más heterogénea, está demostrada que una economía familiar o a escala de comunidades chicas es más efectiva a largo plazo.

Ahora volvamos a los servicios ambientales y a la escala que nos interesa. Los ecosistemas y la diversidad biológica proveen un flujo continuo de bienes y servicios esenciales para el bienestar humano, incluido el prosperar económico. En un sentido más amplio, se refiere a los procesos y funciones a través de los cuales los ecosistemas y la biodiversidad que estos sostienen sustentan la vida humana. Llevemos todo esto a un plano más tangible, nos preguntemos lo siguiente: para una familia o un grupo de familias, ¿cuál es el precio del monte? Y no estoy hablando de familias que viven en ambientes silvestres solamente. Por ejemplo, en un entorno urbano, ¿cuál es el valor de tener acceso a espacios verdes naturales al abrir una ventana y poder ver paisajes sin deteriorar alrededor de nuestras casas?, ¿la posibilidad de observar fauna silvestre en nuestro entorno?, o que muchas enfermedades están contenidas en sus reservorios y no nos afectarán.

Podemos hacer una valorización simple, calculemos el costo en pasajes o combustibles para llegar al destino silvestre más cercano con todas esas características, ahora multipliquemos ese costo por 1.000 para tener una idea aproximada de lo que tendríamos que pagar. Uno de los servicios más fáciles de calcular es el de la polinización, de manera rápida National Geographic calculó que el valor del servicio de polinizadores en Sudamérica alcanza los 20.000.000 de dólares anuales. Otros servicios, como el de la protección de los ecosistemas contra enfermedades infectocontagiosas es más difícil de calcular, pero claramente es enorme.

Podemos decir ¿a quién le importa?, ¿quién lo va a hacer? Pero en ese “quién” está implícito que nosotros, las personas, podemos generar los cambios necesarios. La otra pregunta que surge es ¿cómo? No es una respuesta simple, implica muchos puntos a considerar, pero ver el problema es la primera parte. Una vez que podemos ver el problema desde esta perspectiva, cuando vemos el alcance del consumo desmedido, y que el bienestar no solo depende del consumo estaremos generando el cambio. Como en la película de John Carpenter de 1988 “They live”, una vez que te pones las gafas y ves el mundo tal cual es, nunca lo podrás ver de otra forma.

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