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Panorama político

Salta, ese raro lugar donde 30 es igual a 70 y 70 es igual a 100

El intelectual y político Armando Caro Figueroa advierte que la Ley Electoral otorga a los ganadores un poder desproporcionado para someter a la justicia.
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Durante la presentación del libro “Víctimas de la justicia patriarcal. El caso de Salta” escrito por la ex senadora nacional Sonia Escudero, dirigentes políticos y judiciales, de distinta talla y mérito, pincelaron un paisaje dantesco de la provincia.

No les falta razón. A algunos tampoco vergüenza. Salta es una provincia empobrecida que representa, en orden descendente, el 4% del territorio, el 3% de la población y el 1,4% de la economía de la Argentina. Y, peor aún, explica el más del 6% de la pobreza crónica del país.

Así las cosas, los asistentes a la presentación del libro de Escudero coincidieron en denunciar la decadencia de la provincia. Quien mejor lo explicó fue uno de los encargados de presentar la obra: Armando Caro Figueroa, intelectual y político de extensa trayectoria, funcionario de los gobiernos argentinos de los presidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando De la Rúa y asesor del gobierno español del premier Felipe González.

Según explicó, la decadencia de Salta (que de algún modo puede proyectarse a la Argentina toda) ocurre porque gobiernos democráticos nacidos de la legitimidad del voto popular se transforman, más temprano que tarde, en “regímenes hegemónicos” que, mucho peor aún, se limitan a “pactos de familia” que subordinan a la justicia.

No lo explicitó Caro Figueroa pero no es difícil pensar en la subordinación judicial al poder político de las familias Romero o Urtubey, en Salta, y Menem o Kirchner, en Argentina.

La sumisión del Poder Judicial al Poder Ejecutivo, según esta hipótesis, explica el deterioro institucional y la decadencia política y económica de la provincia. No es una verdad revelada, es apenas una idea que a la luz de la realidad merece crédito.

El Poder Ejecutivo (con apoyo del Legislativo) somete al Judicial. Y todo eso es posible porque la Ley Electoral es, en palabras textuales de Caro Figueroa, “tramposa”. “Con el 30% de los votos se obtiene el 70% de los diputados y más del 90% de los senadores” indicó el ex vicejefe de Gabinete y añadió que “quien accede al control de la Legislatura (y de los recursos públicos) detenta el 100% del poder y subordina fácilmente a toda la sociedad y la justicia no tiene posibilidad ni voluntad de oponerse”.

En efecto, con aval del Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo designa y remueve a los miembros del Poder Judicial. Con honrosas excepciones, los funcionarios judiciales (al igual que los integrantes de los organismos de control) evitan incomodar a los capitostes de la política.

Esa facilidad de conquistar, con solo el 30% de los votos o apenas un poco más, la mayoría absoluta del poder político y garantizar la obediencia de la justicia es consecuencia de la vigente Ley Electoral.

Caro Figueroa propone reformarla y recomienda mixturar la elección por distritos (departamentos) con la elección por circunscripción única como en el sistema alemán y eliminar el Senado donde, actualmente, no hay representación de las minorías departamentales. “Hay que garantizar la representación de las minorías porque si no el que gana la elección, aunque sea con el 30% de los votos del electorado, se queda con todo el poder” exige y reclama, además, una reforma de la las leyes que organizan la justicia “para que no sean los miembros de la Corte, elegidos a dedo y con menos trámite que para ser secretario de un tribunal inferior, los integrantes principales del Consejo de la Magistratura, del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y del Tribunal Electoral”.

Ninguna ley es perfecta. Eso es bien sabido. Las que están en vigencia en la provincia y en el país garantizan la representación proporcional de los partidos políticos y el voto universal de los ciudadanos. Cada argentino y cada salteño valen lo mismo a la hora de expresar su voluntad en el cuarto oscuro y eso no es poco.

De cualquier modo, para terminar la decadente siesta provinciana, Caro Figueroa cree que es preciso despertar a toda la sociedad y, además y sobre todo, que es necesario modificar el sistema normativo que dificulta la participación ciudadana y el acceso a las instancias de gobernanza. No es una verdad revelada, es apenas una idea. Idea que no está en la agenda del poder político provincial que se apresta, próximamente y sin discusión alguna, a reformar la Constitución.

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