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Organizaciones piqueteras en la mira de la justicia

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La justicia federal avanza en su investigación contra el Polo Obrero por los posibles hechos de extorsión y amenazas que algunos de sus dirigentes podrían haber realizado contra los beneficiarios del programa Potenciar Trabajo para quedarse con el 2% de los haberes que reciben por parte del ministerio de Desarrollo Social. Esto era, hasta el mes pasado, $19.000, unos $273.600.000 anuales si la quita se realiza a las 60.000 personas que trabajan en la Unidades de Gestión que dependen del Polo Obrero.

La denuncia por esos dos presuntos delitos que realizó el fiscal federal Guillermo Marijuan será investigada por Federico Delgado, quien ya solicitó medidas de pruebas. Entre ellas, cuántas Unidades de Gestión -estas son, por ejemplo, cooperativas de trabajo- hay anotadas en el Ministerio de Desarrollo Social a través de las cuales brindan sus servicios los militantes del PO beneficiados con el Potenciar Trabajo.

En su escrito, Marijuan ya había sugerido algunos requerimientos que Delgado puede tomar como propios o no: “Que se libre oficio al Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y al Ministerio de Desarrollo Social, para que informe qué cantidad de planes de inserción laboral, denominado ‘Potenciar Trabajo’, fueron otorgados a personas vinculadas al Partido Obrero, desde su creación en el año 2020″.

También pidió que se haga saber “si en tales organismos estatales se registran denuncias por pedidos de dinero a los beneficiarios de este plan a cambio de su otorgamiento, y en su caso, si se labraron expedientes administrativos o si se efectuaron las correspondientes denuncias en sede judicial”.

Por último, le reclamó a los “gobernadores de todas las provincias del país, como así también a los intendentes de cada municipio de la provincia de Buenos Aires, que informen si han recibido denuncias, a través de sus órganos de gobierno, en orden a los hechos ilícitos aquí develados”.

En el escrito, el fiscal federal denuncio al legislador porteño Gabriel Solano y a Eduardo Belliboni, el líder del Polo Obrero (PO), por los presuntos delitos de amenaza y extorsión porque “obligaban a las personas que reciben el subsidio ‘Potenciar Trabajo’ a hacer un aporte mensual” del 2% de los haberes que reciben por parte del ministerio de Desarrollo Social.

En los fundamentos reproduce las declaraciones periodísticas de Solano, quien aseguró: “En el Polo Obrero hay un aporte del 2% de los ingresos de cada persona que cobra un plan. Ese 2% sirve para financiar lo que el Estado no financia. Por ejemplo, el alquiler de los comedores y merenderos, y el gasto logístico y de transporte de la mercadería”.

Horas después de ese reconocimiento, y ante una consulta de Infobae, la Mesa Directiva del Polo Obrero, a través de Belliboni, confirmó el hecho. Según su versión, se trata de “un aporte voluntario votado en las asambleas” y que en esas mismas reuniones “se rinde cuentas sistemáticamente sobre los ingresos y gastos y se aprueba colectivamente el destino de los recursos que son de todas y todos los compañeros”.

Ante una consulta de este medio, Belliboni aseguró que las imputaciones que realizó el fiscal federal son “absolutamente falsas ya que ningún dirigente del Partido Obrero ni del Polo Obrero obliga a nadie a aportar a las organizaciones que integran como afirma el fiscal”.

El desafío del fiscal Delgado será desmontar estos dichos y probar, a través de testimonios y pruebas documentales, que la quita reconocida por Solano y la Mesa Directiva del Polo Obrero no era voluntaria, que cada uno de los inscriptos en el Potenciar Trabajo prestaban efectivamente sus cuatro horas de tareas en la Unidades de Gestión que declararon ante la secretaría de Desarrollo Social, el área que está a cargo de Emilio Pérsico (líder además del Movimiento Evita), que está a cargo del Programa Potenciar Trabajo.

La fiscalía de Delgado tendrá una ardua tarea para corroborar este tipo de irregularidades u otras que los dirigentes del Polo Obrero -y quizás de otros movimientos sociales- podrían haber cometido.

Desde el 29 de diciembre de 2021, fecha en que el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, aprobó una resolución que habilitaba a los beneficiarios del programa Potenciar Trabajo a pasar de Unidad de Gestión a otra – es el lugar donde desarrollan sus tareas- 188.222 personas (hasta junio pasado) pidieron hacerlo invocando distintos motivos: mudarse del lugar de residencia; sufrir “abusos”, “amenazas”, “extorsiones”; o el “cobro compulsivo” de un porcentaje de los honorarios que reciben del Estado, por parte de las organizaciones a las que pertenecen.

Antes de esa resolución, los beneficiarios del programa social estaban “cautivos” del movimiento social para el cual desarrollaban las cuatro horas de trabajo como contraprestación por el haber que reciben.

Casi la totalidad de reasignaciones, realizadas por Desarrollo Social, fueron derivadas a las Unidades de Gestión que dependen de las intendencias, la mayoría del conurbano bonaerense y gobernaciones. Es decir, dejaron de depender de las organizaciones populares para pasar a depender de las intendencias o los ejecutivos provinciales.

Desde el 29 de diciembre de 2021, el ministerio de Desarrollo Social permite a los beneficiarios del Potenciar Trabajo cambiar de Unidad de Gestión. Más de 188 mil ya decidieron pasarse de las organizaciones piqueteras a intendencias y gobernaciones

Desde el 29 de diciembre de 2021, el ministerio de Desarrollo Social permite a los beneficiarios del Potenciar Trabajo cambiar de Unidad de Gestión. Más de 188 mil ya decidieron pasarse de las organizaciones piqueteras a intendencias y gobernaciones

De las 188.222 personas que pidieron abandonar la Unidad de Gestión piquetera, o de otros espacios sociales, 7.700 manifestaron “situaciones de maltrato, irregularidades con las tareas a realizar, exigencia de cobro de una cuota o aporte, amenazas de baja y obligación de ir a marchas o movilizaciones”.

De 7.700, cerca de 900 aseguraron haber recibido algún tipo de amenaza, más de 3.000 expresaron que los piqueteros que manejan las Unidades de Gestión les exigían “un bono o cuota en función de aporte a la organización”; otras 1.400 personas señalaron “presión para asistir a marchas o movilizaciones” y alrededor de 1.700 titulares describieron “maltratos por parte del referente (piquetero o social) o de la organización al solicitar el cambio de Unidad de Gestión”, es decir al querer renunciar al lugar de trabajo que dependía del movimiento popular.

El fiscal Federico Delgado y su equipo de investigadores deberá acreditar si alguna de estas denuncias tiene estado judicial y, de no ser así, si podrán tirar de esos indicios para acreditar si se cometieron delitos.

En los tribunales federales de Comodoro Py entienden que esta causa puede ser una “Caja de Pandora”. Se comienza investigando uno o varios supuestos delitos, se tiene bajo sospecha a determinados dirigentes, pero nadie puede asegurar que a lo largo del proceso alguna víctima revele que otros movimientos sociales, como por ejemplo los que forman parte del Frente de Todos, también realizaron alguna de las supuestas maniobras irregulares. O que los funcionarios que debían controlar, no lo hacían.

La causa judicial que vuelve a poner en el tapete las presuntas maniobras abusivas contra los sectores más vulnerables que suelen ser tomados como rehenes de sus propias necesidades, y las denominadas “cajas políticas”, recién comienza, pero ya agita viejos y nuevos fantasmas.

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Eduardo Huaity González

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