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“No soy historiador, soy un amante de la historia”

Nació el 9 de noviembre de 1944 y lo bautizaron con el nombre de Luis Alfonso Borelli, pero pocos años después su nombre pasó a ser una anécdota en su vida; su apodo se hizo famoso y todos lo conocen como el “Suri” Borelli, quizás el último de los grandes narradores de la Salta de antaño.
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Oriundo de Cerrillos, cursó en la escuela primara de su pueblo, la “Gobernador Manuel Solá”, pero después se fue a la ciudad de Salta y transitó las aulas de la escuela “Doctor Benjamín Zorrilla”.

Se recibió de bachiller en el Colegio Nacional de Salta y luego ingresó a la Facultad de Ciencias Naturales. En 1967, promovió la recordación anual del Pacto de los Cerrillos. Ese mismo año se incorporó al periodismo en el desaparecido diario El Intransigente y desde entonces periodismo e historia fue parte de su vida.

Unos años después, ingresó a El Tribuno como colaborador de la columna universitaria, Sección Educacionales. En 1968 participó de la reorganización del Movimiento Pro UNSa, organización que presidió hasta 11 de mayo de 1972 cuando fue creada la Universidad de Salta.

Nunca estuvo quieto y en su vida las nuevas propuestas eran su motor. Es por eso que, en 1971 integró la Comisión Nacional de Estudios de Factibilidad de la UNSa, creada por el Ministerio de Educación de la Nación y que fue presidida por el Dr.  Arturo Oñativia y en 1973, fue electo diputado provincial por el Partido Justicialista. Fue autor de numerosas iniciativas legislativas, entre ellas, la creación de los colegios técnicos de Cerrillos (Pacto de los Cerrillos) y de Villa Las Rosas (Capital).

En 1974, renunció a la banca de diputado provincial y en 1976, luego del 24 de marzo, se vio forzado por razones políticas, a abandonar la provincia. En 1982, luego de la Guerra Malvinas, participó de la reorganización del Partido Justicialista de Salta y entre 1985 y 1987, se desempeñó en el Senado de la Nación.

En 1998 fue director de la Biblioteca de la Legislatura, cargo que desempeñó hasta su incorporación al diario El Tribuno como periodista coordinador de Suplementos Especiales. En el año 2008, fue electo convencional constituyente de Cerrillos, presidiendo la Convención Municipal que dictó la Carta Orgánica de ese municipio (Ley 7534). Actualmente es periodista de El Tribuno, coordina sus suplementos especiales y escribe las columnas “Relatos de Salta” y “Relatos Históricos”.

“No soy historiador, soy un amante de la historia” - Revista Salvador

¿Hace cuántos años que sos periodista?

La verdad que no sé, pero hace mucho tiempo y en realidad fue la historia la que me acercó al periodismo.

¿Cómo es eso?

César Perdiguero fue quien me dio una buena mano para empezar a meterme en este tema. Yo le acerqué una nota de historia que hice en el año 66 o 67 sobre el “Pacto de Cerrillos” que, desde su firma en 1816, nunca más se había vuelto a hablar públicamente.

¿Por qué?

No sé. Yo creo que más bien tuvo mucho que ver con que el pacto de Los Cerrillos ocurre a mitad de la guerra de la Independencia en 1816. Y después no sé, hablo más.

Yo lo que rescaté del archivo de la provincia, aunque sé que muchos otros lo habían visto y escribieron sobre eso, pero nadie le dio la difusión que, en ese momento, gracias a César Perdiguero y a El Tribuno, fue que empezamos a hablar de esto.

Pero siempre rescatando historias, pero historias también chiquitas, ¿no?

Si, las primeras historias que escribí se llamaban “Historias breves”.

Eran historias breves de la ciudad de Salta y yo las extraía porque empecé a trabajar mucho con el archivo de El Tribuno donde además de tener el archivo del diario, estaban los archivos del El Intransigente, que se remontan a 1922. Había otros diarios también como El Principio, o el diario anterior a El Tribuno, Diario Norte.

Hermoso archivo…

Si, ahora están en Plumada. La dirección del diario resolvió que era mejor que ese material esté en un ambiente climatizado, donde se podía preservar mejor y para evitar también el vandalismo que existe dentro de los archivos en general.

¿Vos sos historiador o sos un amante de la historia?

Yo no soy historiador, soy un amante de la historia. No sé si bueno o malo, pero si soy un tipo que le gusta mucho la historia, y disto mucho de ser un historiador.

Una cosa es ser historiador y otra cosa es saber contar las historias…

Y una buena historia es importante para difusión. Primero, el idioma tiene mucho que ver, en la forma que uno lo cuenta. Yo creo que esa es una impronta personal, como lo tenían otros periodistas que estuvieron acá, como Cesar Perdiguero, por ejemplo. Hay un científico, que es un investigador importante que tenemos en la actualidad como es Ricardo Alonso, que tiene su forma de hacer llegar o comunicar cosas que son complejas dentro de la ciencia de la geología y el las hace sencillas.

El “Gallego Zamora” …

Sin dudas el “Gallego” fue quien empezó con esto de la difusión. Alonso, que también le dicen “Gallego”, comentaba que Zamora le enseñaba a “corregirse”.

Cuando enaceras una investigación, ¿Cuál es el límite?, ¿Dónde se termina?

Depende de lo que tenes que hacer. Lamentablemente en el periodismo también, así como en la televisión existe el tiempo, en el diario el espacio es lo que te corta todo: el espacio que tenes ya sea una página o media página.

Mis relatos al principio tenían 23 cm, es decir, menos de un cuarto de página. Actualmente a veces sobrepasa la página y uno va acostumbrándose a eso. Pero el tiempo y el espacio sobre todo en una gráfica, tiene mucho que ver con eso.

Vos rescataste mitos, leyendas e historias en Salta muchas veces a través de las páginas de El Tribuno…

Algunas si, otros son inventos míos y algunos cuentos, fantásticos, que son rescatados de mi infancia. Por ejemplo, a los duendes los hago participar mucho. Como en el caso de “Los Duendes de Cerrillos”.

Pertenecí a una familia y creo que muchas familias eran así en los Valles Calchaquíes, que contaban historias, y que incluso yo, tengo más de 40 cuentos del zorro. En el Valle Calchaquí, la gente más sencilla de hace 40 o 30 años, te contaba los cuentos del zorro, lo tienen como un objeto que es parte de cueto, de la vivencia criolla, lo humanizan mucho y es capaz de hacer cualquier cosa.

Hasta le dedicaron una chacarera…

Sí, sí. El Cuchi Leguizamón le hizo una chacarera. Yo rescato esos personajes e historias. Cuando no había televisión, inclusive cuando no había radio; mi abuela o mis tías, que eran mucho mayor que mi tata, contaban esos cuentos. Muchos de esos cuentos yo los rescato y los puse en el diario y sobre todo en la revista Nexo, que era del diario El Tribuno y que hacíamos con el Gallego Zamora. Ahí rescaté mucho la Mulánima, el farol, las creencias que había en Salta, por ejemplo con los cementerios.

Aquí había varios cementerios, cada Iglesia tenía el suyo, pero le gente que era contemporánea a esa época, hablaba mucho de eso. Pero esto es algo que se da en todos lados, siempre alrededor de los cementerios hay un misterio, un temor, hay mitos que crecen, que desaparecen, que se olvidan.

Acá en Salta era muy famoso, el “Farol” de La Iglesia de la Merced…

Si, pero en la Iglesia de La Merced donde estaba antes y donde surge la creencia, al lado de la escuela Zorrilla, ese era el templo. El nuevo templo se levanta en el Siglo XX y ya estaba el cementerio de la Santa Cruz. Cuando yo fui a la escuela Zorrilla en los primeros años de la primaria, se hablaba todavía de los esqueletos que había abajo. Porque hay un túnel abajo que se fue tapando con el tiempo, pero ya se hablaba de que el túnel unía con el Convento San Bernardo o con el San Francisco. Hubo gente que creando toda esa creencia.

Pero también otro elemento que daba lugar a la aparición de los faroles o de los espantos o los sustos como le decían, eran los pasos niveles en donde mucha gente fallecía porque los arrollaba el tren o se suicidaban. Los accidentes producían muertes y eso daba lugar a que aparezcan esas creencias.

Por ejemplo, la llorona de Campo Caseros era una mujer que había perdido su esposo en el paso nivel de ese lugar y ahí había mucha gente que se suicidó. Había una maestra de donde yo vivía, de apellido Carrizo, que se suicidó y que conmocionó mucho a la escuela en ese momento.

Todo eso daba lugar al nacimiento de muchos mitos, de cuentos, de imaginación, leyendas que se fueron perdiendo. Fue desapareciendo con el tren, con la modernidad, con todo lo que vino.

¿La Salta mágica sigue siendo mágica con otra magia o se perdió?

Yo creo que ya no hay mitos. Así como decir que a los opas se los llevó el agua corriente, la luz, que se yo… hay que imaginarse como era nuestro pequeño mundo de la ciudad en ese tiempo. Donde no había luz, era con velas o con aceite. Llegaba la oscuridad con la sombra como le llamaban al atardecer y salían todos los misterios a relucir. Toda la imaginación. Que, además, servía para guardar a la gente, para que los borrachines no salgan a deshora como le decían. El duende estaba para que en la hora de la siesta los chicos no salgan…

¿El duende era la entidad más difundida o había otra?

Yo creo que es uno de los más difundidos. Estaba también el Farol, la Mulánima, que era nacida del acto incestuoso. Algunos creen que es únicamente era la amante del cura, pero no, era toda la mujer incestuosa que tenía incesto con los parientes. Todo eso daba lugar al nacimiento de esos personajes.  Todavía hay gente que en el Valle Calchaquí sigue hablando de la Mulánima.

Decían que bajaba por la calle Caseros…

Si, se ve que había una Mulánima de fama. Yo por ahí en son de chiste digo que al menos los curas de antes parece que se dedicaban más en forma natural a los pecados. Hoy en día, las acusaciones contra los sacerdotes son muy terribles y ya no da lugar a ningún mito.

Otra cosa que se perdió en Salta son los misachicos y desaparecieron hace años. ¿Te acordas cuando fue la última vez que viste un misachico en la ciudad?

Fíjate que yo justamente en el diario publiqué una foto que rescaté de hace 50 años de un misachico que iba por la Recta de Canepa de los Álamos de Cerillos.

La desaparición de los misachicos, en el caso de Cerrillos, mucho tuvo que ver con el sacerdote, porque el cura no los quería. Era un hijo de italianos, venido de Santa Fe y no le gustaba eso. Había gente qué si les gustaba, los estimaba, los apreciaba, pero a él no y los trataba de alejar.

El misachico es más que una procesión…

Si, y detrás del misachico hay una serie de ceremonias y de participación de mucha gente, más allá de la familia que es la dueña del Santo, que es muy rico y sobre eso se escribe muchísimo. Todavía hay algunos misachicos. En la Quebrada de Escoipe había un encuentro de misachicos hace 50 años que yo lo rescato y que inclusive yo participé una vez. En los pueblos, era muy común. Acá en Salta los vi hasta en los años 70. Por ahí hay alguno que aparece, y el que tiene memoria y recuerda a los misachicos, por ejemplo, llevaban violín y bombo. Y el bombo es parte del misachico porque sirve para caminar, marca el paso.

Hay algunas recopilaciones sobre las viejas costumbres salteñas, como la de Perdiguero o la Salta de Antaño. ¿Vos pudiste recoger en algún libro o pensas hacerlo si todavía no lo hiciste?

Sí, siempre lo pienso. Lo que pasa es que está la parte económica siempre con ese tema que me acostumbré a sobrellevar, pero es una limitante. Hace 22 años que escribo relatos de Salta, y la verdad siempre tuve la idea. El material está, pero nunca tuve tiempo ni dinero como para poderme poner seis meses o un año a juntar y seleccionar todo ese material. 

Tengo material de historia, de creencias. También tengo de historia de algunos pueblos, como de Cerrillos. Por ejemplo: nadie sabía por qué o cómo nació el pueblo y yo me puse a investigar eso y hay material para seguir investigando. No tengo ningún trabajo, ningún libro al respecto.

¿Cuáles fueron las historias a tu parecer que más impactaron en el siglo XX?

Yo no lo conocí, pero creo que deben haber impactado mucho a fines del Siglo XIX la llegada del tren. Eso transformó todo. Acercó a Salta a 48 horas a un viaje a Buenos Aires, y al puerto, para poder salir del otro lado del mundo; de 4 meses a 2 días. Es un abismo mucho más que cuando se cambia el avión por el tren, es muy superior.

El tranvía pasaba por la plaza y tenía su central en lo que es hoy la Usina Cultural y después se estableció la empresa inglesa que era la que generaba electricidad. El tranvía se levantó en el año 36, en el nombre de la modernidad, es increíble. Las ciudades más modernas del mundo siguen teniendo tranvías. Yo conocí en San Antonio de Padua, en Italia que es uno de los tranvías más modernos del mundo que tiene una sola rueda. Es modernísimo. Y tuve la oportunidad de viajar y conocer, sobre todo porque yo tengo una pasión muy especial por los trenes y también así, participio de esta junta promotora para el retorno del tren al Valle de Lerma. Acá en nombre de la modernidad en Salta, de oparrones que somos, lo hemos sacado.

¿Por qué la Juana Figueroa se transformó en un mito?

Creo que fue porque sufrió mucho antes de morir, agonizó mucho en el fondo de la Zanja blanca que le llamaban. Y ese sufrimiento, para la gente es suficiente para santificarla.

Después le “pedían favores” y que parece ser que a muchos se les cumplió y eso uno no puede discutir, es una cuestión de fe y la fe no se discute. Eso trajo como consecuencia que la Juana Figueroa sea una “Santa”, aunque ahora está bastante diluida, porque además se le cambió el santuario. Se la cambió de lugar varias veces. Yo conozco por lo menos tres lugares. En los 60 llegó una segunda ampliación y la Juana Figueroa estaba de un lugar para otro, y bueno, ahora ya no está. No hay interés en conservar ese mito, que por más que sea un mito, hay que respetarlo, porque había mucha gente que creía.

¿Quiénes eran sus devotos?

Sobre todo, las chicas que trabajaban en el bajo, las prostitutas. Creían mucho en ella y todos los lunes le llevaban flores o le hacían llegar algún obsequio. Cuando yo era chango, había obsequios de joyas, no finas. Hay gente que hace eso, pero no en Juana Figueroa, en otros altares. Sin embargo, había gente muy adinerada en Salta que todos los lunes, que es el día de las almas, el día que se alumbran las almas y que también se alumbro el alma de Güemes, le hacían llegar velas y obsequios. Y había una dama muy conocida en Salta, muy adinerada y que quedó viuda, que tenía un contrato con una florería para que todos los lunes le lleven una corona de flores.

Son mitos que perduran y espero que sigan perdurando, porque la Salta mágica es hermosa…

Si, y hay que preservarlos, como, por ejemplo, el santuario de la Difunta Correa. El Estado provincial de allá se lo resguarda y es un lugar en donde se desarrolló el comercio alrededor de eso, es un lugar turístico, como muchos templos en el mundo, salvando las distancias, que son atractivos turísticos y no solamente católicos. En todas las rutas del país hay un lugar, como lo está siendo el Gauchito Gil. Y a la Juana Figueroa la echamos a menos.

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