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Mare nostrum ¿Nostrum?

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Por Gustavo Yanicelli
Es el mar el lugar más inquietante del planeta. Inmenso. Absolutamente inmenso. Aún hoy conocemos poco de él.
Los antiguos, en especial los griegos, lo llenaron de monstruos y deidades: Nereidas, Oceánidas, Górgonas, sirenas, Tritones y el inefable Poseidón. El hermoso Serrat, entre esperanzado y apenado, le cantaría y le lloraría en la inolvidable “Plany al Mar”, “…cuna de vida, camino de sueños/puente de culturas/(hay, quién lo diría)/ ha sido el mar/miradlo hecho un basurero./miradlo ir y venir sin parar./parece mentira que en su vientre se hiciera la vida./…” .
El mar, nuestro mar… ¿nuestro?. Solemos ver el mar como a un paisaje casi terapéutico y turístico. O como  fuente de nutrientes y de negocios de litoral. O como recurso energético. O como frontera con el mundo. Hablamos de él poéticamente o políticamente o bobamente, pero hablamos. Y es que el mar es todo eso. Y aún es más. Y es vida y es muerte.
Se nos presenta sereno o tempestuoso. Y nos divierte o nos aterra. Es el mar y le sabemos así. (El mar lo admite todo menos ningunearlo). En 1853 el joven norteamericano Cyrus Field, multimillonario de la época, se propuso cruzar el Atlántico Norte con un cable telegráfico que uniera Estados Unidos con Irlanda y desde allí con Europa. Para ello reunió a Samuel Morse (el Señor de los códigos), a Matew Fontaine Maury (Oceanógrafo de la marina de EE.UU.) y a Whilliam Thomson, (luego conocido como Lord Kelvin, el de los grados kelvin). En dos buques y con más de tres mil kilómetros de cable Cyrus puso toda su fortuna en juego, mejor dicho puso su fortuna en el océano. Y lo logró. Comenzaron en 1857 y al año  siguiente lo concluyeron. Por primera vez Gran Bretaña y Europa estaban conectadas casi al instante con Estados Unidos y América. Antes del cable una carta del Reino Unido a EE.UU. demoraba 12 o 15 días con suerte y ahora lo hacía en tres o cuatro horas. Un cambio tecnológico y geopolítico formidable. Aunque duró solo unos 20 días ya que el cable falló, pero nada podía detener el cambio y el progreso. La suerte estaba echada. En 1866 se colocaría otro cable que estaría en servicio durante 100 años.
En 1865 Domingo Faustino Sarmiento se hace cargo de la embajada Argentina en EE.UU. tres meses después del asesinato del Presidente Lincoln sobre quien el Padre del Aula Argentino escribiría una biografía en tiempo record. Los cierto es que Sarmiento es testigo privilegiado de la revolución del cable oceánico y los sueños de Cyrus. Estaba ahí cuando la historia ocurría. En 1866 Argentina también se sumó a esta revolución de la unión de la humanidad por las aguas inaugurando su propio cable subacuático cruzando el Rio de la Plata que unía Argentina desde Punta Lara con Uruguay en Colonia del Sacramento. Y fuimos los primeros.
El 5 de agosto de 1874 Sarmiento inaugura la primera comunicación telegráfica con Europa. La primera etapa del enlace unía Buenos Aires a Montevideo, de allí por tierra hasta Cerro Largo, luego Jaguarão, Brasil, seguía por Río Grande do Sul, Santos, de allí por cable submarino a Río y Pernambuco y cruzando el océano a Lisboa donde enlazaba con la red europea.
Así fue como se conectó la Argentina al mundo. Luego vendrían otros presidentes y más cables, mas telégrafos, mas acuerdos internacionales, más de todo. Pero fueron aquellos Argentinos los que comprendieron que una Patria no se hace si nos es interactuando con las otras naciones. Intercambiando bienes y servicios. Llevando y trayendo historias, sueños, sentimientos y vidas. Contándonos por telegramas, por radio, por televisión, por internet o por teléfono todo lo que nos parecemos y nos diferenciamos del resto del mundo en el mundo.
Cyrus vio un negocio colosal. Los mandatarios norteamericanos y europeos vieron la oportunidad de dibujar occidente. Sarmiento estaba allí y lo entendió. Y entendió lo que había que entender y no bobadas.  El 95 % de las transmisiones comerciales del mundo se hacen por internet. Y el 95 % de las transmisiones de internet de hacen mediante cableado submarino. De  allí que el en los mares hay un enjambre de cables que conectan todo el planeta y a toda la humanidad en él. En Las Toninas, un pueblito veraniego y bucólico a unos 300 km al sur de Buenos Aires, funciona el “puerto de amarre” de los cables submarinos que llevan y traen datos de buena parte de Sudamérica y Argentina. Además el país tiene salida secundaria y redundante por radio, satélite, por Brasil y por vía terrestre hacia Chile. Pero más del 90 % del tráfico lo hace por Las Toninas.
Por debajo de las sombrillas, carpas, reposeras, bronceadores, protectores  solares, helados y pelotas playeras “aterrizan” los cables que vienen de miles de kilómetros desde el océano y desde miles de metros de profundidad. Tocan la playa y pasan invisibles a varios metros de profundidad y entran hacia el pueblito a instalaciones que pasan desapercibidas con normas de seguridad anti sabotaje extremas e igualmente invisibles.
Es que Las Toninas es algo así como el kilómetro cero de la internet de la región. Una especie de módem sudamericano. La empresa proveedora de telecomunicaciones Level 3 está encargada de la gestión de uno de los cables. Los otros tres cables responsables de la conectividad global  son el South America-1 de Telefónica; el Atlantis 2, de un consorcio de compañías europeas y estadounidenses; y el Bicentenario, de la uruguaya Antel y la argentina Telecom.
En el 2020 Facebook aterrizará con un nuevo cable en Las Toninas. Llevará el nombre de la mundialmente famosa cepa Malbec. El cable Malbec de Face vendrá desde San Pablo por Río de Janeiro, 2500 kilómetros de tendido. Lo hace con otro gigante del negocio que es Globenet. Beneficiará directamente a Argentina, Sudamerica y EE.UU.
Este año también Google hará lo suyo con la empresa Uruguaya ANTEL asociada al buscador con soporte técnico de obra a cargo de la firma mundial Alcatel Submarine Networks llegan a las Toninas con el cable Tannat (y dale con el vino) y tendrá incidencia directa en Uruguay, Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia y sur de Brasil.
Decía Sarmiento que “Tenemos una fatal cordura que nos hace mirar de reojo los progresos y las innovaciones, pero debiéramos adoptar, sin vacilar, aquellos que tienen la sanción de la experiencia”. El ex Presidente como embajador en Estados Unidos había “presenciado la inauguración del primer cable submarino de los Estados Unidos y oído a Mr. Field, el tenaz empresario, la narración de sus fracasos y el de su triunfo, hasta dejar unido el continente del Norte con la Europa”.  Tenemos que decidirnos los argentinos a hacer del mar un mar nuestro, un mar con nosotros. Esos cables son una increíble oportunidad que nos ofrece el mundo, el mar. ¡Toda la humanidad está del otro lado de esos cables! Este cableado es la conectividad por el mar hacia otro mar. Un océano de oportunidades. Podemos hacerlo porque ya lo hemos hecho en otras oportunidades. Si no los usamos, si no les sacamos provecho, habrá sido un esfuerzo inútil. Nos habremos transformado en mero consumidores pasivos de una maravilla de la ciencia y la tecnología humana.
Hace 150 años Sarmiento se dio cuenta. Parafraseando al sanjuanino no sea cosa que nos encontremos con un “… guiso de liebre sin liebre…”

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