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¿Lo permitirá Cristina?

El presidente Alberto Fernández prometió “impulsar las exportaciones”, algo contrario al pensamiento de parte de la coalición de gobierno referenciada en la vicepresidenta que cree que un aumento de las ventas al exterior impulsa la inflación.
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El mensaje del presidente Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa, el pasado 1 de marzo, día de inicio del periodo de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, fue calificado por numerosos analistas políticos como “de ocasión” o “de circunstancia”. En efecto, describió en modo crítico la herencia recibida del gobierno anterior, recordó las restricciones propias de la pandemia de Covid-19 y manifestó la incertidumbre por el nuevo escenario mundial tras la invasión de Rusia a Ucrania. Enumeró obras y acciones de gobierno, pero realizó pocos e imprecisos anuncios de futuro.

Uno de esos pocos anuncios fue el de “impulsar la producción y las exportaciones”. “En el mediano plazo podemos duplicar las exportaciones de la Argentina. Necesitamos aumentar las exportaciones por la vía de una mayor producción, no con menos consumo interno. Producir para exportar, no saldos exportables” expresó y repitió “vamos a impulsar la producción y las exportaciones para generar empleo, mejorar los ingresos, generar divisas y bajar la inflación”.

Su mensaje es correcto. Las naciones prosperas son aquellas que detentan altos niveles de producción y de exportación (no sólo en volumen, sino sobre todo en valor): la producción crea empleos y la exportación genera las divisas que permiten desarrollar políticas públicas de progreso social. Y la Argentina está, en efecto, en condiciones de aumentar rápidamente la producción y exportación de bienes y servicios.

El presidente estimó que el país puede “alcanzar y superar los 100 mil millones de dólares anuales de exportaciones”. No se equivoca. Esos 100 mil millones de dólares anuales de exportaciones son el objetivo del proyecto de Ley Agroindustrial (consensuado por los ministros de Desarrollo Productivo y de Agricultura, Matías Kulfas y Julián Domínguez, con los empresarios del Consejo Agroindustrial Argentino) que espera tratamiento en el Parlamento.

Especialistas de la Bolsa de Comercio de Rosario proyectan exportaciones récord para el año 2022 y calculan que “las exportaciones totales de Argentina (campo e industria) alcanzarían el récord de 84.615 millones de dólares, lo que representa un crecimiento de 8,6% respecto al año pasado y el mayor volumen desde 2011 cuando la economía recibió 82.900 millones de dólares en envíos”. Esos casi 85 mil millones de dólares podrían ser aún más si, como consecuencia de la invasión de Rusia a Ucrania, los precios de las commodities agropecuarias y mineras aumentan y se mantienen durante el año por encima de los valores actuales.

El gran interrogante es si el presidente Fernández tendrá la decisión y capacidad para cumplir con su compromiso o si, por el contrario, sucumbirá ante el planteo de algunos funcionarios y legisladores de la coalición de gobierno referenciados en la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner que sostienen que el aumento de las exportaciones se traduce en mayor inflación, “principal problema económico del país”. De hecho, el propio secretario de Comercio, Roberto Feletti, restringe los embarques de carne vacuna y dificulta los de granos (trigo y maíz) y sus derivados.

De manera oficial sólo están prohibidas las ventas externas de 7 cortes de carne vacuna (asado, falda, matambre, tapa de asado, cuadrada, paleta y vacío) pero en la práctica hay dificultades para exportar otros productos. Por ejemplo, no están limitadas las exportaciones de maíz, pero en despachos gubernamentales no entregan (o al menos demoran la entrega de) los permisos oficiales para concretar esos embarques.

El año 2021, por las restricciones impuestas por Feletti y aceptadas a regañadientes por los ministros Martín Guzmán de Economía, Kulfas de Desarrollo Productivo y Domínguez de Agricultura, el país perdió exportaciones de carne por unos 1.000 millones de dólares (200 mil toneladas por un valor promedio de 5 mil dólares por tonelada), según cálculos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina y de la Bolsa de Comercio de Rosario.

Más allá de las restricciones específicas, desincentivan el pretendido salto exportador el establecimiento de cupos, las altas retenciones y la diferencia entre el dólar oficial y el dólar blue, entre otras medidas burocráticas contrarias al comercio exterior.

Las limitaciones al comercio exterior no son novedad para gobiernos de Kirchner y Fernández. En 2006 el entonces presidente Néstor Kirchner y su entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, cerraron las exportaciones de carnes y obligaron a descargar los barcos que debían llevar los mejores bifes hacia Alemania que iba a recibir miles de visitantes por el Mundial de Fútbol. Después, permitieron que el otrora secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, estableciera “precios máximos de referencia” para la hacienda negociada en el Mercado de Liniers y para la carne comercializada en los supermercados. También, hasta diciembre de 2015, prohibieron las exportaciones de trigo y establecieron cupos para las de maíz y girasol.

Podrá el presidente Alberto Fernández “impulsar la producción y las exportaciones para generar empleo, mejorar los ingresos, generar divisas y bajar la inflación”. ¿Lo permitirá la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner?

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