Revista

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Leopoldo Teuco Castilla

“La poesía no tiene moral, pero si ética”

Poeta y viajero, “El Teuco”, es uno de los mayores exponentes de la poesía contemporánea argentina y uno de los escritores salteños más traducido. Su obra es casi tan extensa como su periplo por el mundo. Desde que se tuvo que ir en 1976 hasta la fecha recorrió más de 100 países.
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Sus poemas fueron traducidos al inglés, francés, italiano, sueco, portugués y ruso. Sobre su cuento “La redada” se filmó el largometraje homónimo dirigido por Rolando Pardo. Hoy a los 73 años, su producción continua y es estudiada y difundida por las principales universidades del mundo.

Hijo del enorme Manuel J Castilla, fue a lo largo de su vida periodista, titiritero, ensayista y un aventurero que recogió momentos y placeres por más de cien países. De todo ellos tomó algo y se los devolvió en poesía. Desde hace décadas vive en Buenos Aires, pero siempre está volviendo a su Salta natal. Como no puede estar quieto, en enero inauguró el primer “Bosque de poesía” de la provincia en la localidad de San Lorenzo.

Me decías que teníamos el octosílabo a flor de piel prácticamente…

En el idioma castellano, claro. Por eso es que los salteños son señores poetas.

Una vez Martín Caparros cuando pasó por Salta decía que hay buenos poetas en todos lados, pero que, en Salta, el poeta y el poema tiene abolengo. ¿Coincidís con eso?

Hay lugares, no solo en Salta. Por ejemplo, Venezuela que tiene unos enormes poetas; en Venezuela es más importante ser poeta que ser presidente o ministro.

Una vuelta, que me había metido para el lado de la Arauca, que era zona de guerrilla, y estaba lo que diríamos la gendarmería venezolana en los límites con Colombia y llegó a un puesto y viene un gendarme de estos bien bravos, me dice “- ¿Nombre? – Leopoldo Castilla. – ¿Nacionalidad? – Argentina – ¿Y que lleva ahí? – Nada, estoy pasando. ¿Profesión? -Le digo que poeta y me dice – ¡Poeta!, venga, venga. Mire como saltan las toninas de hermosas por el río” Hay un gran respeto por los poetas.  

Yo he asistido a una cosa muy hermosa ahí: eran tres grandes poetas, Ramón Palomar, el más grande de América Latina. Otro gran poeta que Alberto Crespo, y Gustavo Pereira. Y estaban hablando en Caura, una ciudad colonial hermosa y juzgando todo acto sobre Venezuela, sobre la política de Venezuela. Los poetas dueños de los valores más profundos de esa tierra, y defensores de los valores más profundos de esa tierra, contra cualquier tipo de especulación, de cálculo, y con una autoridad pasmosa.

Y en toda América Latina, los colombianos también son hermosos. Tienen unas lides entre ellos maravillosa por la poesía. Yo he estado en un festival en Medellín, leyendo poemas bajo un diluvio al aire libre, frente a 6 mil personas, anegadas. Seis horas escuchando poesía sin que se levante ninguna persona. Así es que la poesía, hermano, no la van a voltear ni con hachas.

La poesía es el género más antiguo y aun en vigencia que existe…

Por una cuestión simple; o no tan simple. Hay varias razones: una, porque a la poesía la hace la naturaleza. Nosotros nos olvidamos que nosotros somos naturaleza. Si te descuidas, somos el 80% de agua, 99,9% vacío, y el resto polvo de estrellas como decía Carl Sagan, porque venimos todos del sol.

Entonces la poesía es una forma de la naturaleza, por eso, la poesía, la verdadera poesía no miente, porque la naturaleza nunca miente.

Por otro lado, que a nivel “social”, la poesía es un bastión que viene desde hace milenios defendiendo la armonía del hombre con la naturaleza, la armonía del hombre con el hombre, la armonía del hombre con el universo, defendiendo las causas más justas. O sea, es un bastión de valores, absolutamente imbatible e insobornable. Por eso, siempre se van a arrodillar los cálculos políticos frente a la decencia ética de la poesía. No te hablo de moral, porque la poesía no tiene moral, pero si ética.

¿Vos encontras diferencias en las poesías? Te llevo a esta reflexión porque charlando con otros, me decían, que en Buenos Aires se escribe maravillosamente bien, en Córdoba también. Pero cuando yo escucho un poeta salteño, encuentro una diferencia, es como una zamba. Sé que es de ahí…

Claro pué, como decía Vallejo, no falla la tonada.

Y la tonada se transmite cuando la escribís parece…

Claro. Pero, además, hay algo de esta tierra que tiene algo de sagrado, por el canto. Todo el mundo canta, canta; todo el tiempo canta. Y eso es un estado sagrado. El canto no es solo cantar, es entrar en un estado superior. Por ahí yo tengo un versito que dice “mira como nunca hay nadie en el canto / el que canta se ha salido”.

Es casi un mantra…

Algo así. Por ejemplo, eso es lo que tienen los santiagueños, en España lo tienen los andaluces… son como bolsones donde se pronuncia esta devoción por el canto, esta necesidad por el canto.

Estuviste viajando por muchos lugares. Más de 100 países. ¿Cuáles fueron los que más te impactaron?

Indonesia, Bolivia, Sibilancia, La India, son varios. Cada uno pega de distintas maneras, pero te dura el deslumbramiento. Toda América Latina es una hermosura, y después en Europa hay maravillas. Yo he ido hasta el Polo Norte, donde se acaba ya la tierra, no hay más. Nos hemos ido con un amigo español en auto, Carlos Benítez, y hemos bajado mirando los fiordos de Noruega. Vos ves, por ejemplo, que son una belleza, las veces, los grandes espejos metafísicos que hay en la Patagonia también.

Entras en el Amazonas, yo he estado en el Amazonas 3 o 4 veces y he hecho de norte a sur también. Y entras en el origen del mundo.

Si no hubieses sido poeta, ¿Qué hubieses sido?

Cantor. Ahí no le erro, pero como he salido desorejado…

Si, te entiendo claramente. Soy igual que vos…

Entonces ¿Qué más voy a hacer?

Pero la poesía exige, como vos decías, un esfuerzo enorme, quizás más que el cantor …

La poesía exige, decía Edgar Bayley, la poesía se escribe con un estado de alerta y un estado de inocencia. Vos estas así, y cualquier cosita te pegó ¡boom! No sé… se te cruzó un colibrí y te has quedado como un ciego en un trampolín; así sorprendido, azorado y emocionado.

De la charla que tuvimos en La Casona, llegué a descubrir que sos un gran amante de la copla. ¿Qué tiene la copla que enamora?

Hablando de la copla te voy a contar: próximamente voy a sacar un libro que va a ser una especie de antología de la copla latinoamericana. Que la vengo juntando a pata desde hace años, antes de que exista el internet (que me hubiese ahorrado mucho trabajo). Pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, país por país. Y tengo también mi libro que va a salir prontito y se llama “La copla de los misterios”. Y tengo un montón de coplas mías. La colpa es la medula de la poesía de lengua castellana, es la vértebra.

Tiene un problema de síntesis tan absoluto, que todo el mundo cree que es fácil hacer una copla y es muy difícil hacer una buena copla.  Yo me acuerdo, por ejemplo, copla que vos ya conoces y que yo siempre reitero como maravilla, que aquí he tenido grandes cultores como Perecito (Miguel Ángel Pérez), la copla de José Coll:

Mi caballo es andaluz,

de los que trajo Mendoza,

que no tiene miedo al tigre,

pero tiembla ante la rosa.

¡Ah! Levántate un monumento así, con 4 versos. O la copla popular, que puede ser para la mejor poesía ilustrada que se te ocurra:

Ya no soy quien antes era

ni la flor que florecía.

Soy el olvido profundo

de la mudanza del día.

Y conseguir esa síntesis es dificilísimo. Yo a veces no entiendo por qué escribe haiku teniendo la copla.

Exactamente, te iba a pedir esa comparación…

Claro, porque creen que es por lo cortito, pero es por la densidad. La diferencia es que el haiku tiene la densidad del matiz, y la copla tiene la resolución de la densidad.

¿La copla es tierra?

La copla es todo. La copla canta a la tierra, el tipo que está cantando una copla va a volver a la tierra. Es mundo… extrañamente vos sabes que es un mundo muy pegado a lo terrestre, pero cuando te digo a lo terrestre, me refiero a lo terrenal digamos. Pero por ejemplo yo no he visto copla que tenga lo que llamamos realismo mágico, salvo una que he encontrado, que dice:

Estando he visto la pelea desigual

de la muerte repentina,

con la muerte natural (…)

¿Y Espinoza con “Vidala para mi sombra”? ¿No es también surrealista y tiene otra dimensión?

Bueno, pero ya estamos en una canción. Yo te hablo de la copla sola, la copla popular anónima, cuando la copla ya es de autor. Casualmente por esta ausencia, hay una copla que dice:

Antinoche cantó un gallo

¿Qué será lo que cantó?

Que pasaron cuatro noches

Y en ninguna amaneció.

Y la otra que decía:

Iba yo por el salar

 y un hombre me saludó.

Desde entonces nadie sabe

 dónde estoy, qué me pasó.

Digo, como para meter un poco ese tipo de mundo que no estaba antes en la copla.

Venir a Salta es volver a casa, y un hombre que viajó tanto ¿Tiene hogar?

De las penas, la dichosa me vino a tocar a mí,

yo soy lo mismo que el río,

me voy sin salir de aquí.

Yo no me voy de Salta nunca, nunca. Más vale sacarle los ojos al dragón, que sacarme a mí de Salta.

Ahora, esa salteñidad que tenes, al margen que se nota en lo que escribís, en tu forma de ser y de pensar ¿También te la llevas a todos lados?

Claro pué. Es más, no solo me la llevo, si no que me la llevo con un vivismo insoportable. Realmente, insoportable. Yo soy muy querendón de Salta; aquí he nacido y aquí voy a dejar los huesos.

¿Qué te atrapa?

¿Qué sos ciego? ¿No estás viendo lo que es Salta? ¿Qué me va a atrapar? ¡Mira esa hermosura!

Hay gente que toma porqué tiene que tomar, si no que se deshidrata. Hay gente que disfruta tomando…

A mí me gusta celebrar la vida. Y me parece que lo que tenemos, sobre todo ahora, que si nos descuidamos en cualquier momento el planeta nos despide alegremente a la especie humana, porque ya no nos soporta más con todo el daño que le hemos hecho. Es la vida hermano, no hay otra. Aquí están todos los Dioses, en esta tierra, en Salta hay una cosa que manda en uno, que es que están todos tus muertos.

Está tu historia…

Claro, es donde está tu memoria. Aquí, en esta tierra, yo tengo en mi tierra más de 400 años en Salta. Todos los lugares son maravillosos, toda la gente es hermosa en todos lados, todo es una hermosura. Lo que pasa es que Salta tiene muy bien justificado su complejo de superioridad.

Salta dio músicos maravillosos, pero sobre todo poetas ¿Por qué se dio esa explosión en Salta?

Ah no, eso mirá… eso lo elige la naturaleza casualmente. Fíjate que hay lugares a donde hubo generaciones de grandes genios, con toda la cultura a favor, y que hace un siglo no da. Eso es la naturaleza.

De golpe en Francia, hace poco menos de un siglo que no te sale un poeta que te reviente como lo eran Verlaine o Rimbaud. Y de golpe, en una aldea africana te sale un genio, una aldeíta que ni siquiera soñas que tenga un museo. No sé, por ejemplo, cómo sale Derek Walcott de la Isla Santa Lucía, que es una islita chiquita y dio semejante poeta.

O sea que eso no tiene nada que ver con el lugar. Aquí esas coincidencias yo creo que se maduran como frutos. Porque fíjate cuando fue la generación del Cuchi, de Botelli, de mi tata, de Jaime; de los poetas, los músicos, los pintores. Eran artistas de distintas disciplinas y confluyeron. Pero no solo confluyeron en Salta, sino también en el norte. Y eso es una cosa que también que los norteños tenemos que entender, que tenemos que salir todos juntos. Porque cuando salen todos juntos, creas un polo de cultura visible. Pero sobre todo para fortalecer tu región y el espíritu de tu región, no para esa cosa o idea que se tiene, que la metrópolis es más que la provincia. En absoluto. Si no porque eso pertenece a una excusa drenable que sea válida y que no tiene nada que ver con el arte.

Un artista puede ser exultante con su creación, pero no podes ser vanidoso, porque cuando sos vanidoso es porque no has vivido nada. No sabes lo que es la vida, no has andado por la vida.

¿La poesía es individual y busca en el otro una reacción? ¿O no la buscas nunca?

Vos sos el escribiente de la poesía. La poesía te va… cuando has terminado el poema, ahí se acabó. Y después, si ahí está la carga, de eso se encarga el poema. Al poeta lo tiene que defender su poema, no se tiene que defender él.

Eso es un suceso, y como tal suceso, migra como pasa una centella, o pasa una llovizna de campo en campo, y va produciendo y va emocionando los campos como quiere. De un u otra manera.

Una pregunta que muchas veces y en cualquier ámbito se niegan a responder. ¿Hay malos poetas?

Mira, yo te voy a decir algo; la poesía es como un racimo. Cada hombre que escribe trae un granito que aumenta el racimo. Ese es un mundo, el otro trae otro mundo, y de todos esos mundos está hecha la poesía.

Hay poetas que pueden tener menos recursos expresivos que otros, pero si tienen una sensibilidad autentica, si están poniendo el alma ahí, son poetas legítimos.

No es que haya malos poetas, hay algo peor, que son los impostores. Usan la poesía, o usan lo que ellos creen que es la poesía, porque la poesía siempre los desmiente al final. A esa gente podes decirles “malos algo”, pero no les digas malos poetas.

En el libro más desmañadito, escrito con todo el corazón, siempre vas a hallar una línea en donde ese tipo se está entregando entero. Vos estas descubriendo un matiz que no está. Por eso te digo, no es una cosa sólo de autores.

¿Ya escribiste tu mejor poesía?

Me pasa algo peor, sigo escribiendo el peor verso desde que empezó hasta ahora. Vaya a saber que es mejor o peor; hay poemas que a uno le gusta más, pero a la gente; a algunos les gusta uno o algunos les gusta otro.  Porque la poesía es radiante, y entra como una radiación y hace un montón de radares. Como yo digo, en un solo poema, tengo a 40 personas escuchando, esas 40 personas se van a emocionar por esto o por lo otro.

Una de las cosas que me interesa mucho divulgar, que lo he hecho aquí, en otros países, en Universidades, en colegios… es la pedagogía de la poesía. Destruyen el amor por la poesía en sus alumnos. ¿Por qué? Porque en realidad lo que habría que hacer, es que el profesor, todos los días se pare frente a la clase en frente de sus alumnos y antes de comenzar la clase diga un poema, el nombre del autor y donde ha nacido. Nada más. Y que ese poema vaya hacia uno de los radares que te decía, y cada uno toma esto o lo otro. Porque, y volvemos a la naturaleza, cada uno se reconoce en un matiz, cada uno se reconoce en una luz, cada uno en una sombra. Y eso va sensibilizando a los chicos. Lee 200 poemas, es un minuto por día, antes de la clase.

Yo escribí un ensayo hace años, que se llama pedagogía de la poesía y se lo di a Verita (Jesús Ramón Vera), me acuerdo que andaba de profesor por ahí, y fue a consultar a la Universidad, y le dijeron “esto no se puede por la evaluación”. Pues bien, es que eso no tiene que tener evaluación, si quieren tener evaluación, si insisten con la famosa evaluación, es que los chicos te digan a que corriente pertenece tal siglo, que autores excelentes ha habido, que críticos, etc. Esto, primario, secundario y terciario. Pero la Universidad no sabe enseñar poesía, pero no es culpa de los profesores, es culpa de un armazón de análisis de texto, que puede ser válido para la prosa, o para el ensayo, para cualquier otra cosa, pero justo para la poesía que funciona con imponderables y con tactos invisibles, eso la manca. Y eso es lo que pasa con la enseñanza de la poesía.

Creo que, a excepción de Jorge Luis Borges, son raros los prosistas que son excelentes poetas…

Borges era una literatura. Yo he leído todo lo de Borges. Es impresionante como ese hombre a los 22 o 23 años tenía un juicio crítico, una capacidad de análisis y un lenguaje para el ensayo, increíble. Con la poesía, como todos, ha ido creciendo, y tiene poemas notables; los cuentos que tienen el fraseo de Marcel Schwob. La precisión del lenguaje de Borges que es insuperable. ¿Por qué? Porque ese hombre ha sido un gran estudioso del estilo. El mismo decía que un día se iban a dar cuenta que el más que un gran escritor fue un gran lector. Y ha sabido armar y expresar con un efecto y una contundencia indiscutible.

No creo que sea más poeta que prosista, y me sé poemas de memoria de Borges. O puede ser las dos cosas, da lo mismo. Pero por eso digo, es una literatura.

Hay tipos que escriben muy bien la prosa, que no se animan a la poesía. ¿Será que no hay capacidad de síntesis? Que es tan tajante la poesía en ese aspecto…

Nos olvidamos también de contar de novelas maravillosas escritas por poetas. La novela que mucha política editorial y bestsellerista calculada, intenta tapar que es una maravilla escrita por Enrique Molina que es “Una sombra donde sueña Camila O’Gorman”, puede ser un ejemplo.

Uno puede aventurarse a hacer alguna prosa, con una buena fortuna para un principiante; pero como en todo oficio, necesita un conocimiento profundo y mucha lectura de gente que está trabajando en el género.

Hay prosistas que son excelentes narradores, por ejemplo, Vargas Llosa; pero hay prosistas que son excelente excelentes creadores, como García Márquez. Una cosa es narrar muy bien, y otra cosa es crear. Esa es la diferencia.

¿Con los poetas pasa lo mismo?

Los poetas, cada uno tiene su cosa para decir y si tiene calidad la dice y no importa el tono. Nadie respira igual que el otro, nadie siente igual que el otro, nadie piensa igual que el otro, nadie habla igual que el otro. Es un concierto que se hace de esas fracciones, pero dentro tiene que estar la poesía ardiendo, ahí sí. Si vas a haber una poesía fría o conceptual, que el concepto sea candente.

Conociste todo. ¿Qué te quedó ganas de hacer? ¿Qué te hace falta?

De irme a La Rioja, que me anduve medio mundo y hace 73 años que no puedo llegar a La Rioja. Tengo que ir a La Rioja, tengo que ir a Pampa Grande, que tampoco conozco, no he podido llegar. Y tengo que ir tal vez a Myanmar, a Birmania, pero sobre todo, donde quiero llegar es a Salta, porque es donde más llego a aprender.

Recuadro

BIBLIOGRAFÍA

Poesía:

El espejo de fuego, 1968

La lámpara en la lluvia, 1971

Generación terrestre, 1974

Versión de la materia, 1982

Campo de prueba, 1985

Teorema Natural, 1991

Baniano, 1995

Nunca, 2001

Libro de Egipto, 2002

Línea de Fuga, 2004

Bambú, 2004

El Amanecido, 2005.

Relato:

Odilón, 1975

La luz naranja, 1984.

La canción del Ausente, 2006

Novela:

El Arcángel, 2007

Leopoldo Teuco Castilla nació en Salta, Argentina, el 27 de marzo de 1947.

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