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Reforma del sistema educativo

La muerte de la tiza y el pizarrón

Mientras los países desarrollados hablan de Educación 4.0 y de preparar chicos para trabajos que todavía no existen, en estas pampas se debate el protocolo de la “burbuja”. La falta de ingenio e información hace que sean los funcionarios los que están en una burbuja.
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La burbuja o pompa de jabón es un elemento volátil, un sueño multicolor de segundos y que revienta de pronto. Una metáfora quizás ajustada a la realidad que vive el país y la provincia donde se discute acaloradamente fechas de regreso a las escuelas, protocolos que parecen inviables y se empeñan en volver a envasar docentes y alumnos en escuelas de un siglo de existencia con las falencias edilicias propias, con programas decimonónicos y sin ninguna capacitación para enfrentar una realidad global que ya cambió.

Porque la historia tal como la conocimos terminó en marzo del 2020 cuando algún chino lejano comió un murciélago en mal estado y contaminó a todo el mundo, por decirlo así, un tanto jocoso, más allá de que la realidad es truculenta, cruel e indescifrable aún.

En la Argentina ni siquiera se termina de resolver qué vacuna inocular, cuántas dosis ni de qué procedencia. Se aplauden los vuelos de carga como si fuera la llegada de Cristóbal Colón trayendo orden y civilización cuando en realidad traía muerte y desgracia. Todo es desprolijo, improvisado y decadente.

Mientras este desgraciado cuadro se mantiene vigente y sin visos de cambiar, el mundo ya está comenzando a poner en valor el conocimiento, la información y todo eso orientado hacia la modernización de los sistemas educativos. Es tan simple como leer los diarios extranjeros o “googlear”, copiar y adaptar. Pero ni eso parece que hacen los funcionarios.

El año 2021 ya tiene en ciernes el inicio del ciclo lectivo y mientras todos estos cambios estructurales y paradigmáticos ocurren en el orbe, aquí se repite el viejo rito de la discusión salarial sobre cualquier otra preocupación, sin pensar que una inflación galopante, tan incierta como el desenvolvimiento del problema sanitario, se devorará los magros sueldos con tanta facilidad como lo hace el virus con la salud de los ciudadanos.

Cuando el mundo avanza y la Argentina dobla hacia la izquierda

El mundo ha ingresado en la Cuarta Revolución Industrial que no es un fenómeno europeo ni lejano sino activamente presencial y al que no escapan ni el niño ni el anciano. Un movimiento universal que está dejando sin trabajo a quienes pensaban que estaban consolidados, que está hundiendo a quienes vivían de profesiones que no se pueden ejercer y que no se sabe si podrán volver a practicarse, por ejemplo. Pero que a la vez propone la fundación de empresas cuyas instalaciones no serán más grandes que los límites del escritorio donde reposa el ordenador. Con empleados que jamás verán a su patrón.

Ha nacido un nuevo modelo económico donde el individuo ya se ha transformado en un “ciborg”, según la definición de Manfred Clynes y Nathan Klines que en 1960 anticiparon la llegada de criaturas compuestas por elementos vivientes y dispositivos cibernéticos que mejorarían las operaciones de la parte orgánica. Hoy ya somos algo de eso utilizando como extensiones de nuestra memoria el móvil o la computadora. El “Sr. Google” es la extensión de nuestro conocimiento básico. Ninguna cabeza podría maniobrar tantas operaciones intelectuales como nos permite hoy el Buscador global.

A partir de ahora tendremos que acostumbrarnos a utilizar términos como realidad virtual, Internet de las Cosas (IoT), Big Data, realidad aumentada, nanotecnología y robótica entre tantos otros, que ya están impactando y provocando una reducción de espacios laborales.

Nace una nueva “Cuestión Social” donde discutir sobre izquierdas o derechas es ya bizantino porque ahora la brecha social no será ideológica sino entre quienes tienen conocimiento y manejo de estas herramientas y quiénes no.

La pregunta central no es si estas cosas ocurrirán o no entre nosotros, sino cuánto demorarán en alcanzarnos plenamente.

Cuando hace algo más de un año atrás (noviembre de 2019) leíamos sobre cierto virus que afectaba a una ciudad china nadie imaginaba que en pocos meses más las víctimas de ese contagio tendrían el nombre de amigos y familiares.

Lo mismo está ocurriendo con las transformaciones cibernéticas y los cambios operacionales en la educación y el trabajo.

La pandemia del COVID-19, a diferencia de otras antes ocurridas trajo aparejada una transformación vital de alcance universal. Una vuelta de página donde desde ahora se comienza a escribir una Nueva Historia.

Nuevas formas de vida, cambios conceptuales profundos, una dinámica del Tiempo que afecta la dimensión del espacio modelando nuevos paradigmas sociales, económicos, políticos y hasta espirituales.

La Tierra de pronto es un pequeño universo que cabe en el entorno de las pulgadas de cada móvil, de cada ordenador. La visión de Marshall MacLuhan de la “Aldea Global” ya no es un concepto teórico sino presencial que confirma la paradoja de la globalización: lo único presencial es lo que sostiene a este nuevo mundo virtual.

La pandemia es un mega ejercicio de dominación social que ha destruido el concepto de familia y amistad presencial proponiendo otra paradoja, aquella que favorece tratos más cercanos y continuos a través de la pantalla.

Este tiempo ha demostrado la violencia de este cambio sobreviniente llevándose como un río desbordado miles de puestos de trabajo, cerrando empresas y negocios, esfumando más todavía el dinero físico y obligando al ejercicio de una vida “online”.

Hasta el más natural de los fenómenos, la muerte, ha visto perdida su pompa y sus ritos desgarrando brutalmente al fallecido de sus afectos. Hoy también se muere “online”, a distancia y en soledad, repitiéndose esa paradoja –ahora angustiosa- de estar más cerca del muerto por el dispositivo que en modo presencial.

Si con estos pocos deletreos de lo que está ocurriendo en el mundo no somos capaces de darnos cuenta de que asistimos a un feroz e inhumano cambio de época y que debemos prepararnos para asumir un modo de vida que sólo era posible en películas futuristas, corremos el riesgo de ser extrañados del sistema, convertidos en esclavos o material desechable de esta Cuarta Revolución Industrial que ya comenzó.

Advertir y estudiar este fenómeno global se convierte en una estrategia personal y debiera ser una política de Estado el avanzar hacia transformaciones estructurales que permitan este tránsito hacia el Nuevo Orden Mundial de la manera menos traumática.

Para eso los gobernantes, la clase dirigente debe ser advertida, es decir, lúcida frente al mensaje de los sucesos que vienen ocurriendo. Anticipar los tiempos y tomar decisiones políticas trascendentales, porque la política también ha cambiado. Todavía quedará un tiempo más de operar los modos folclóricos del proselitismo, pero esto también va camino de transformarse.

Para operar un cambio social acorde con la coyuntura global es necesario recurrir a la receta tradicional de que se valieron las naciones que quisieron ingresar al Siglo XX fortalecidas para enfrentar la modernidad nacida a fines del Siglo XVIII: una Reforma Educativa.

Lo hicieron entonces las naciones europeas y lo hizo la República Argentina llamando a un Congreso Pedagógico Internacional en 1882, para luego tamizar todas aquellas ideas en la Ley 1420 que tuvo una vigencia de casi un siglo y que entonces instaló a este país a la vanguardia en materia de eventos para discutir sobre educación. 

Hoy, a casi un siglo y medio de aquella epopeya educativa el país enfrenta un desafío que es mayor todavía porque los cambios de esta Era tienen alcance planetario. ¿Continuará la República Argentina siendo un país postergado y ahora hundido a causa de la ignorancia?

El sistema educativo argentino desde los años noventa del Siglo XX inició un proceso de decadencia continuada que se refleja en los índices y resultados de las pruebas internacionales. Cada día la calidad de lectura, cálculo e interpretación de textos de los alumnos es más depreciada. Una declinación que alcanza también a los docentes.

Toda crisis es oportunidad, de allí que consideremos de que el momento invita a pensar en dar un paso hacia adelante, un paso valiente y convocar a una Gran Asamblea Ciudadana, a un Congreso Pedagógico Digital para que primero todos tomen conciencia de la magnitud del cambio sobrevenido. Luego, para que los ciudadanos asuman un protagonismo vivencial como factores productivos del cambio discutiendo errores y proponiendo nuevas alternativas.

Finalmente, para que el Gobierno al que le toca comandar esta coyuntura histórica escriba su página más destacada, aquella que recordará la historia, donde la Provincia de Salta, como en los tiempos de la Independencia libró en su suelo aquella Gesta de la Emancipación, hoy libre la gran batalla para que sus ciudadanos no sean esclavos de la dictadura del oscurantismo y sólo números estadísticos del Nuevo Orden Mundial.

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