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El "Turismo alienígena" en Cachi

I love aliens

Desde hace años Cachi, uno de los lugares más bellos de Salta, comenzó a recibir a turistas que no solo venían por sus impactantes paisajes, sino por la posibilidad de encontrarse con naves y seres de otro planeta.
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Como todos en esta provincia tan hermosa tengo un lugar favorito. Ese lugar en el mundo frente al cual uno no se permite críticas, y que a su vez relaciona con la belleza externa y la tranquilidad y la sintonía interna, es decir, en un criollo new wave: con la plenitud. Para mí ese lugar es Cachi, lugar hermoso y tranquilo que conserva un paisaje colonial gracias al constante, laborioso y creativo trabajo de la ONG de Guadalupe Noble y de las sucesivas intendencias.

Cachi es un pequeño valle verde y fértil entre montañas secas revestidas de pencas y cardones. Lo miro casi como una maravillosa escultura que homenajea al trabajo humano, al hombre que trabaja la tierra y logra de ella su particular belleza.

No sólo atraen de Cachi sus paisajes, el viento que susurra, o el tan difícil de encontrar silencio. Su noche es de una oscuridad fructífera en estrellas, y no pocas veces uno busca meteoros por las noches, arremetiendo deseos como lo hacen los niños, amparados en que ante la inmensidad del universo los años de los hombres no tienen la menor importancia.

En los últimos veinte años, además, se sumó a todo esto el avistaje de naves interplanetarias.

Hace poco más de veinte años, Antonio Zuleta, lugareño, tuvo un avistamiento de un ovni que cambiaría su vida para siempre. Hoy es un ufólogo reconocido internacionalmente que busca, y encuentra, las escurridísimas naves que parecen disfrutar y desfilar por los valles calchaquíes, hartas, quizás, de los cannabicos espectadores del Cerro Uritorco, cerca de Capilla del Monte, allá por las serranías cordobesas. Antonio reunió imágenes durante muchos años; imágenes que, como todas las imágenes donde aparecen ovnis, son miradas desde el asombro, desde cierto reverencial respeto, o desde el descreimiento más puro, del tipo del que nacen las bromas que pueden terminar en sopapos.

Alguien que creyó y supo ver fue el suizo Werner Jaisli quien, luego de ver dos objetos luminosos avanzando sobre el río Calchaquí, sintió, en el 2008, haber recibido la orden de construir un ovnipuerto, lo cual hizo durante los siguientes cuatro años. Se trata de una construcción casi plana, con forma de una estrella de treinta y ocho puntas, y otras estrellas menores, que se encontraba apenas alejada de la ciudad, en un paraje desértico.  Hoy, en el 2021, el ovnipuerto se encuentra casi rodeado por casas del Instituto Provincial de la Vivienda, pero fue respetado y su estructura íntegra se mantuvo, ahora como una original plaza del nuevo barrio.

Jaisli, un hombre mayor, fue llevado a Suiza de nuevo por sus hijos, luego de concretar la hazaña de construir este lugar sólo, sólo guiado por la motivación de su convencimiento y del saber que soñar es sólo el dos por ciento de cualquier trabajo. Una vez un turista le preguntó a Jaisli si los aliens venían, y él con toda seriedad le contestó: “No vienen, están, pero en una dimensión que usted no logra percibir”. Lo que se dice un gol alienígena de media cancha.

Hace unos años, en las inolvidables noches de la Casona del Molino, compartió un amigo una mesa con unos cordobeses simpatiquísimos que comandaban un tour a Salta, más precisamente a la recta de TinTín, paso cercano y obligado a Cachi, una recta de catorce kilómetros en el Parque Nacional Los Cardones, bellísima, rodeada de cientos de esos silenciosos vigías y, en enero, de delicados lirios con flores amarillas que llaman “Amancay”. Allí, este tour garantizaba el avistaje de naves interplanetarias y, quizás (si había suerte) de encuentros cercanos del tercer tipo. No los vieron más por Salta. Yo no sé si los ovnis están o no, pero sí sé que estos vistosos guías turísticos de encuentros intergalácticos, dejaban al Darín de “Nueve Reinas” en un cómodo tercer lugar.

Hace unos días, luego de pasar una semana en Cachi, he visto nuevas fotos de amigos que viven en el pueblo, de sospechosos objetos, muy lejanos en las fotografías para dar mayor intriga. Los ovnis, como las leyendas, se alimentan de vestigios borrosos. Por ahora, son cuestión de fe, y de turistas. La verdad está afuera.

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