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En Salta hay opositores, pero no tanto

Falta de presencia territorial, manejo de estructuras y un plan de gobierno concreto le impide a la oposición política posicionarse frente al oficialismo con un candidato fuerte y con posibilidades el 2023.
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Parecidos pero distintos, muy distintos. Aunque parezca contradictorio así son Alberto Fernández y Gustavo Sáenz, Gustavo Sáenz y Alberto Fernández. Se parecen en sus grises gestiones y en sus dificultades para construir el poder necesario para gobernar y transformar la realidad. Pero, claro, el presidente tiene al país al borde de la crisis económica mientras que el gobernador mantiene a la provincia más o menos ordenada y eso los diferencia.

El gobierno nacional evitó la cesación de los pagos de la deuda externa, pero de una manera que, sumada al despilfarro sistemático de los dineros públicos, incrementó de manera brutal la deuda interna. Los indicadores oficiales de déficit, inflación, pobreza e indigencia así lo muestran mientras que la crisis económica y política (por diferencias entre los distintos sectores que componen la coalición de gobierno) eximen de mayores comentarios.

En cambio, el gobierno provincial pagó siempre en tiempo y forma a empleados y proveedores y eso le confiere la estabilidad que la administración nacional no tiene. La verdad sea dicha: a diferencia de lo hecho por Mauricio Macri, con un ajuste clásico Juan Manuel Urtubey ordenó las cuentas en el último año de su gestión y, en consecuencia, la herencia recibida por Sáenz fue mucho, muchísimo, menos dura que la obtenida por Fernández.

Así las cosas, mientras el presidente tiene nulas posibilidades de ser reelegido el próximo año, el gobernador se encamina a una cómoda reelección. “Nadie gana una elección con 50% de inflación” decían en el Instituto Patria, reducto de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuando la proyección inflacionaria anual estaba muy por debajo del 90% o del 100% actual. Razón no les faltaba ni les falta y por eso creen que la única forma en que Alberto no arrastre a la derrota al Frente de Todos es si en los comicios presidenciales se enfrentan, casi en una batalla final, la propia Cristina con Macri. En cualquier otro escenario, todos improbables todavía a más de un año de las elecciones, saben que el triunfo y el gobierno serán de la oposición.

Esa oposición que todavía mantiene un mal recuerdo entre la gente por la fallida experiencia del periodo 2015 – 2019, está bien estructurada y descansa sobre el histórico voto antiperonista y el más reciente voto antikirchnerista y antialbertista aumentado por la horrible gestión presidencial. En cambio, la oposición provincial no tiene estructura de tal: hay no pocos dirigentes opositores, pero son incapaces de construir una fuerza electoral alternativa al saenzcismo.

En la provincia hay opositores, pero no oposición y, por eso, pareció entendible que hasta hace unas semanas dirigentes de Juntos por el Cambio y del Frente de Todos se reunieran en búsqueda de una hipotética alianza electoral que por inexplicable no prosperó.

Y por eso con una gestión sin mayores méritos, el gobernador camina solo hacia la reelección. “Debe ser la primera vez en la historia en la que un gobernador que todavía no asumió vaya por la reelección” bromeó el periodista Francisco D’ Andrea y coincidió con otros analistas políticos que a la oposición “además de presencia territorial, manejo de estructuras y un plan de gobierno concreto le falta un buen candidato par 2023”.

Con pagar los sueldos y muy poco más, con el aparato y los recursos estatales a su disposición para hacer campaña electoral, Sáenz no tiene rival que pueda hacerle frente en el cuarto oscuro.

Hace poco más de un mes el gobernador presentó en sociedad un documento que, se supone, es una invitación a acompañar su proyecto político. “Por más federalismo y unidad de los salteños” se titula y pese a que ya fue compartido a empresarios, sindicalistas, legisladores, intendentes y ediles, ni un solo dirigente nuevo se sumó al oficialismo. A Gustavo Sáenz no le preocupa demasiado, solo lo inquieta que la crisis nacional pueda trasladar el enojo y la bronca con el gobierno nacional a los oficialismos provinciales, porque sabe que le alcanza con los que ya tiene bajo su mando y con su habilidad para hacer campaña.

Las únicas figuras que podrían desafiarlo, aún sin mayores posibilidades de éxito y con el solo objetivo de posicionarse para dentro de 4 años, están desactivadas: los intendentes de Salta y Tartagal, Bettina Romero y Mario Mimessi, aceptaron más temprano que tarde su liderazgo y abortaron cualquier proyecto opositor; el senador provincial Emiliano Durand es ya un activo oficialista y el diputado nacional Emiliano Estrada está por ahora demasiado solo como para avanzar en una construcción alternativa.

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Eduardo Huaity González

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Gral Güemes 1717
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