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Cuba, no es difícil de entender

La isla caribeña que cada tanto se sacude y conmueve, atraviesa inéditas protestas en reclamo de libertad y en contra del régimen político que la gobierna hace casi 70 años.
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Cuba cada tanto se sacude y conmueve. Cuando todo parece reposar en el orden del régimen caribeño, una mariposa aletea de más o un pájaro canta una nota que desentona o alguien pide libertad y entonces se despierta el monstruo basilisco. Inconmovible y feroz.

Desde hace 68 años que esta historia se repite. Esa persistencia en el tiempo sea tal vez la razón por la que la dictadura ha ido perdiendo glamour intelectual y consistencia moral.

Al fin de cuentas ya nadie cree que en Cuba la historia este cocinando al ser humano nuevo que va a hacer la sociedad nueva del orden nuevo llamado paraíso socialista. Nadie cree, en su sano juicio, que en Cuba se ha cancelado el egoísmo y gobierna el altruismo. Lo único que se ha cancelado son las libertades de las personas y gobierna una dictadura. Dictadura de izquierda eso sí.

No soy tan distraído como para no darme cuenta que estoy en terreno políticamente incorrecto. Pero ésta es mi solidaridad posible y sensible con las personas que sufren en la isla centroamericana las atrocidades del régimen. En todo caso denunciando y confrontando a las dictaduras vigentes estoy devolviendo el gesto de los seres humanos del planeta que se solidarizaron en su tiempo con nosotros, los argentinos, cuando nos ayudaron a sacarnos de encima la última dictadura.

La dictadura cubana no está sola en el mundo. Si bien las democracias han dado pasos enormes en estos 40 años cambiando sustancialmente la geopolítica de la libertad, hay que saber que aún perduran en el planeta regímenes espantosos. Algunos como rémoras del viejo y fracasado orden comunista que han reconvertido sus economías pero no sus instituciones opresivas como China, Vietnam y Bielorrusia. Otros, particularmente en África, como fascismos tardíos y rudimentarios.

Lo cierto es que sí bien la democracia fluye a torrentes por América, Europa y parte de Asia y de Oceanía, no está exenta de riesgos frente a tentaciones o desviaciones hegemónicas o incluso tiránicas en sus países. En nuestro continente Nicaragua y Venezuela dan cuenta de eso.

Nos impresionan los 68 años de la dictadura cubana, pero al ser estos regímenes brutales y anuladores de las libertades, en realidad pueden durar todo el tiempo que les plazca si no se hace algo de modo decidido y proactivo para darles fin. 

El fascismo en Italia estuvo 23 años. Los comunistas en Rusia 74 años. El franquismo en España 36 años. El comunismo chino 72 años. Stroessner en Paraguay 35 años. Enver Hoxha, comunista en Albania 41 años. Paul Biya en Camerun, dictador desde 1975 hasta hoy. 42 años Omar Bongo en Gabón. En fin, la lista sigue y en todos los casos millones de crímenes atroces contra las personas y la humanidad.

El genocidio de la Alemania nazi no se diferencia del genocidio de los jemeres rojos de Camoya más allá de las magnitudes. Como no se diferencian tampoco las dictaduras más allá del argumento ideológico de ocasión. Fusilar o encarcelar al que piensa distinto porque piensa distinto está mal en toda circunstancia y bajo toda condición ideológica. Las atrocidades de los fascistas no son moralmente preferibles a las de los comunistas ni viceversa.

Y esto es así porque el horror cometido contra la condición humana es moralmente autorreferencial, está mal siempre y por lo tanto no está bien nunca jamás. Es así.

Cuba es un régimen de partido único. Autocrático. Sostenido por la fuerza de las armas. Es una dictadura cívico – militar de carácter comunista. Una dictadura. Por lo tanto, un régimen tiránico. No es difícil de entender. Un régimen sostenido por la intimidación, real o amenazante, física o simbólica, de la violencia del estado contra los habitantes del país.

Es asombroso escuchar a personas informadas, democráticas y sin ningún interés personal ensayar apologías a favor del castrismo.  Supongo que habrá algo de aquello que decía Einstein en referencia a que es más fácil disolver un átomo que un prejuicio. No lo sé. Hitler, Stalin, Mussolini, Mao, Franco, Fidel Castro, Videla, Che Guevara, Pinochet, Pol Pot, entre otros son en todos los casos expresiones de inspiraciones horribles de la humanidad. Emerge de todos ellos la indecencia absoluta de la maldad total contra la humanidad. Ahí está el siglo xx como el teatro de operaciones más descomunalmente horroroso de toda la historia de la humanidad. No es difícil de entender.

Todas las dictaduras reclaman por el respeto del principio de no injerencia en los asuntos internos de los estados. Pretenden por este camino impedir que la humanidad compasiva y honrada encienda las luces sobre los crímenes que cometen contra su propia población. ¿Pero que hay cuando se cometen crímenes horrorosos ante la mirada del mundo?, ¿Acaso se supone que el mundo no debe hacer nada aun pudiendo hacer para detener las atrocidades de lesa humanidad?, ¿Es así como funciona este principio de no injerencia? No, no es así. Al contrario, frente a la conmoción de los derechos humanos contra la especie las naciones tienen la obligación moral y legal de la intervención, dentro de sus posibilidades, a los fines que cese la mortificación. El derecho, y la obligación, a la asistencia humanitaria a los pueblos bajo yugo dictatorial y criminal es una conquista del humanismo más progresista del mundo. Intervenir a tiempo en Kosovo puso fin y evito tragedias mayores. En tanto la no intervención en Ruanda fue una catástrofe de la que se sirvieron los genocidas Tutsis. Son los hechos.

Las dictaduras reclaman, también, a las demás naciones y organismos internacionales preocupados por las consecuencias de los horrores de las tiranías, el respeto por el derecho a la autodeterminación. Este se trata del derecho de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno, perseguir su desarrollo económico, social y cultural, y estructurarse libremente, sin injerencias externas y de acuerdo con el principio de equidad. ¿Pero cómo es posible que un pueblo sojuzgado por una dictadura pueda ejercer su natural derecho de autodeterminarse? Eso no es posible de ninguna forma es factible en tales circunstancias. Justamente, las dictaduras cancelan este derecho y se lo arrogan para sí. El colmo de la hipocresía. Si hay una forma clara, contundente y definitiva de respetar y hacer respetar el derecho a la autodeterminación de los cubanos, por ejemplo, es justamente eliminando la dictadura que les impiden el ejercicio práctico y real de ese derecho. No es difícil de entender.

Cuando la evidencia levanta todas las capas de cinismos e hipocresías con la que el castrismo y sus apologetas defienden el régimen aún se pretende eclipsar las criticas señalando a los Estados Unidos y su bloqueo como razón y causa de todas las desgracias cubanas. En rigor de verdad el bloqueo no cambia en nada la naturaleza inmoral de la dictadura cubana. ¿Acaso el famoso bloqueo la hace buena y deseable a la dictadura?, por supuesto que no.

La ineficacia del colectivismo comunista es brutal. La provincia de Tucumán en Argentina produce más y mejor azúcar, alcohol y celulosa que toda la industria cubana que tiene 2 cosechas anuales. Se parasitaron a los subsidios de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas hasta su caída. Luego parasitaron a la sufrida Venezuela. La principal cuenta de ingresos de divisas que tienen son los aportes que realiza el exilio a sus familiares. Parasitaron también al sistema financiero con deudas impagas y negadas. Incluso a la Argentina a quien le deben al día de hoy unos 6.000 millones de dólares que no piensan pagar. Los dictadores cubanos no necesitan de ningún bloqueo para tener una economía miserable. En todo caso, hacen del bloqueo norteamericano una excusa del espanto de sus resultados económicos. El problema no es el bloqueo, el problema que la economía cubana no tiene con qué pagar lo que necesitan comprar. Y por eso hay naciones poderosas que les importa nada el bloqueo y sin embargo no les venden. Es solo eso, no es difícil de entender.

A las personas en Cuba que sueñan con la libertad. A las que están pasando angustias y desesperación. A las que tienen miedo si esta noche llaman a su puerta. A las madres cubanas que lloran la tristeza más penosa de la especie que es no saber del destino de sus hijos. A los que están con cadenas, sucios, lastimados y hambreados en una cárcel por pensar distinto. A las personas cubanas que van a morir en manos de esas bestias asesinas por apurar el día de la libertad. A todas esas personas mi respeto y solidaridad.

Pero de forma muy pero muy especial a la Señorita Mecha, mi maestra escolar de hace 50 años que todas las mañanas nos hacía poner de pie y repetir la declaración sanmartiniana: ¡Seamos Libres que lo demás no importa nada! No es difícil de entender.

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