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Cuando la piel es un lienzo

Uno de los signos de los tiempos que marcan el nuevo milenio se lleva en la piel. Los tatuajes dejaron de ser parte de una cultura marginal, para transformarse hoy en una moda, que por más que pasen los años quedaran indelebles.
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Desde hace tres años, Jaqueline Sayus Krobots, tatúa. Según asegura, sigue aprendiendo observado a los mejores. Para ella es una forma de expresión y para los que llevan sus obras en la piel, una forma de vida, una suerte de declaración de principios en la vida. “Comencé a aprender hace tres años. Cuatro años mirando, tres años desde que agarré la máquina y me largué y no sé, digamos que soy tatuadora”.

¿Por qué “digamos”? ¿Por qué todavía no te sentís tatuadora?

Porque soy autodidacta y también me costó decir “soy artista”, o “soy tatuadora” porque es un ambiente muy cerrado en donde solamente aprendes mirando a tatuadores, no hay otra manera de aprender. Si ya tenes la mano suelta y ya sabes lo que haces, lo único que necesitas es aprender la técnica de lo que hacen y para eso necesitas mirar y también buscar a uno bueno para que vayas aprendiendo esas técnicas.

Al principio eras sólo una observadora…

Sí, me dediqué al principio a estar con ellos, a compartir mucho tiempo, a viajar, a convenciones y mirar lo que hacían. Fue loco porque yo pintaba en paredes, hacia murales y quería tatuar a toda costa, porque me gusta el realismo y con la aguja vos podés entrar poro por poro y hacer más. Obviamente que no lo sé hacer, aún.

Es tu aspiración…

Era mi aspiración. Entonces yo en los poros de la pared podía lograrlo con un pincel, pero no tanto, entonces dije “bueno, con una máquina lo voy a hacer”. Miraba bastante y los tatuadores me decían “mirá, la única manera es que vos agarres la máquina y que pintes con óleo, porque la técnica del oleo es muy parecida a como hace la máquina”.

Ellos me enseñaron lo que es el oleo porque yo no sabía, fuera de joda, no sabía. Al otro día compré oleo e hice mi primer cuadro. Cuando hice mi primer cuadro dije “mirá, yo ya sé”, entonces me prestaron una maquina e hice en una piel sintética, no me gustaba mucho porque no era real lo que uno pintaba y agarré mi piel. Y una vez que ya sabía lo que hacía, lo que penetraba y lo que no, lo que lastimaba, eso al principio es difícil; tener la constancia del pulso en cuanto a la profundidad. Y después te vas dando cuenta cuando haces sombra, cuando no; cuando le das un puro.

Cuando vos pintas un cuadro lo colgás en la pared, pero cuando te tatúas lo llevas para siempre. ¿Esa responsabilidad no te pesa un poco cuando tatúas?

¡Me re mil pesa!, porque lo que hago lo trato de hacerlo bien y si te hago un tatuaje lo voy a tratar de hacer bien, o por lo menos voy a marcar lo que quiero decir en vos o lo que vos me estás pidiendo que te diga.

No tatúo mucho, no hago letras, sino dibujos, además no tengo un local propio ya montado y a todos los que he tatuado, he tatuado con turnos y me gusta tatuar así, porque me gusta tatuar dibujos que realmente representen algo, que digan algo o hacerlo o simplemente que sea a mano un poco alzada. Trato de salir de lo tradicional.  

Un tribal por ejemplo…

Un tribal, vos me decís “haceme en el brazo un tribal”, y capaz que no te lo voy a hacer. Y capaz que gano plata, pero no…

No es un desafío…

Y no, es pintar triángulos o cuadrados y formas y lo pintas, no te lleva a nada. Y me gusta mucho jugar con colores, cuantos más colores tengan, más me gusta. Tenia una paleta de full color de realismo que la había comprado en Santa Fe y claro, me venían con trabajos normales y yo le ponía esos colores e imagínate que resaltaban y no me importaba tirar tantos colores lindos y quedaban buenos los tatuajes.

¿La gente que te pide? ¿qué buscan?

La mayoría me pide que yo me exprese como yo quiera. La mayoría. O me dicen “elegí vos”, o “haceme vos” o “lo que vos quieras”. Y vos decís, pero, “mínimamente dame un detalle de persona o que te gusta”. Me pasó mucho, hasta con mi mismo hermano que le estoy haciendo una manga y no sabe. Mucha gente se tatúa y no sabe qué, le gusta estar tatuada, le parece tal vez una manera de imponerse con los demás, o mostrar mas fuerza o es como “mirá, yo me tatuo, aguanto el dolor”, o no sé, un millón de cosas más. Tal vez mas malo, mas poderoso, son muchas maneras que tiene la gente de expresarse.

¿Te piden más color o en blanco y negro?

Depende, hay muchos que piden en blanco y negro y nada más. Pero me gusta ponerle color, siempre le tiro unos grises, que son como tipo negro, siempre le tiro algo…

Algún colorcito…

Sí, siempre hago algún desastre con los tatuajes. No desastre, pero siempre le pongo alguna marquita o algo. ¿Sabes que es lo que pasa? Que depende la piel. El color es para una piel clara, sino no resalta, el color se pierde, se va y para hacer con muchos colores tiene que ser bueno y que resalte, sino lo trabajas en negro, lo tradicional, lo que son los rojos, los verdes…

¿Quiénes se tatúan más? ¿Los más jóvenes o los mas viejos?

Actualmente los mas grandes. La gente de 30 o 40 años se tatúan mas que los jóvenes. Antes era distinto, a los 16 ya “me maché y me hice esto”. Ahora es la gente grande, mamás…

Las mujeres se están tatuando mucho últimamente ¿lo notas?

Si, muchísimo. Antes era mas de hombres e inclusive se lo veía mal. Yo recuerdo que yo no tenia muchos tatuajes al principio y cuando recién comencé, me costó mucho “Qué te hacés y porqué y demás”. Y como andaba con gente muy tatuada, me pasaba que íbamos en patota caminando normal, gente maravillosa que solamente está tatuada, y la gente que venia caminando y nos cruzaba a nosotros, se cruzaba la calle, como diciendo “me pueden hacer daño” y a mí me sorprendía.

Muchos prejuicios…

Una vez fuimos a Santa Fe, a una convención grande, y uno de los tatuadores que organizaba la convención era policía y la mayoría de los que se iban a tatuar en la convención eran policías y yo decía “guau, eso en Salta no existe”.

Empezaste a trabajar hace tres años como tatuadora. ¿De ahora en más?

Hago tantas cosas que no sé, porque es como que también me aburre mucho hacer algo solamente. Entonces aprendo un poco de acá y de allá y voy creciendo, como que voy avanzando de a poco. Y uno dice que “el que mucho abarca poco aprieta” y es verdad. Pero no quiero apretar, yo quiero aprender, nada más y me falta bastante. Pero bueno, es un largo camino. El arte es un largo camino. En Campo Quijano tengo un hostal y estoy poniendo un Café y quiero poner un taller de tatuajes, será raro; no se estila eso en Quijano, pero bueno, no sé.

Cuando la piel es un lienzo - Revista Salvador

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Director

Eduardo Huaity González

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