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“Cualquiera puede hacer versos, pero no cualquiera escribir poesía”

Poeta, psicólogo y docente, Robino es uno de los autores más reconocidos y más premiados, tanto a nivel provincial, como nacional y es, lo más importante, el heredero de la enorme tradición poética de Salta. Es parte de la continuidad literaria que llenó de metáforas bellas la vida cotidiana.
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Desde hace décadas Eduardo Robino escribe y lo hace con la convicción del fanático, del amante. No hay semana que no piense en verso y por eso es uno de los escritores más prolíficos. Nació en Salta en 1974, donde reside actualmente. Estudió en Buenos Aires y en Tucumán. Es escritor, docente y psicólogo. Publicó los libros “Certezas Cotidianas” (1998), “Puebla” (2004), “Los tesoros ingratos” (2006) “Hasta que irremediablemente llegue el día” (2008), “Tartagal-1940” (2015). Escribió un ensayo: “Bitácora del abordaje” para el libro “Dificultades en la poesía” -Varios Autores- de Ediciones del Dock (2013). Fue becario de la Fundación Antorcha.

En 2021 ganó el Primer Premio Concurso Literario Provincial 2021 por el libro ” Hubo un alud nuevamente en el valle”, de próxima publicación.

“Cualquiera puede hacer versos, pero no cualquiera escribir poesía” - Revista Salvador

Volviste a ganar…

Gané el primer premio provincial de poesía, que lo gané en el 98, en el 2015 y ahora. Pero en el medio también gané un Accesit porque el premio de poesía es único y el Accesit es cuando hay dos libros buenos, se da dos veces el primer premio, nada más que uno como primer premio y otro como publicación.

La verdad es que hay que reconocer que Salta, paradójicamente al comparar con otras provincias, porque uno siempre se queja que a la cultura no se da importancia, y en Salta si se le da importancia. Quizás no haya personaje o personalidades como en la época del Cuchi Leguizamón, o de Manuel Castilla; pero también es cierto que somos muchos y generalmente hay demasiadas cosas que se ven haciendo y capaz que al ser tantos no se nota.

Sos el autor que más veces ganó premios y tú temática es absolutamente ecléctica. Pasaste de hablar de la gente de Tartagal, a Perro Ciego en el último, ¿De dónde la sacas?

En verdad, ese el tema: nunca se sabe. Eso de eclético es totalmente cierto. Yo creo, o por lo menos siento y los que leen con cuidado capaz que opinan distinto; pero yo siento que todos los libros que hago son muy diferentes entre sí. Si bien muchas veces hay una idea vertebral, la forma de escritura, la temática e incluso los puntos de obsesión son diferentes. Incluso en un libro y punto de obsesión, que no lo noté yo, lo notaron los que leyeron y me lo contaron, fue el café y la noche, en otro fue el olor del heno, en otro fue la imagen, (que eso se repite en todos) pero hay uno particularmente que es el poema con imagen cinematográfica…

También a la muerte es un tema recurrente…

Yo creo que la muerte está en todos los poetas. Nombrada o no, siempre está y siempre se intuye. De hecho, yo creo que la poesía es una prima hermana de la muerte y hermana de la vida. O sea que, en todos los poemas, algo de eso está.

¿Por qué faltan poetas y sobran verseros?

Porque la poesía también es un conocimiento. Para escribir, hay que saber muchísimo y no solo leer un soneto, sino también saber cómo está construido un soneto, saber qué tipo de sonetos hay, diferencias entre un soneto, una décima, un alejandrino, saber cuáles fueron las metáforas que se usaron del Siglo de Oro hasta hoy. Hoy, por ejemplo, si vos decís “la aurora de rosados dedos”, qué es una metáfora magnífica, tiene que saber que Homero le escribió cinco siglos antes de Cristo.

Entonces, para escribir también hay que estudiar. Pero guarda, no hablo del estudio de un profesor de literatura, sino que te tenes que interesar por lo que haces, ver cuáles son las técnicas de los que haces, porque no es solamente un saber sino una técnica, y saber que, por ejemplo, el verso libre, de libre no tiene nada. Esas cosas son importantísimas que la sepas. Saber que, si bien no hay rima, debe haber cadencia; saber que en la poesía crea lenguaje, o sea, se podés usar signos sintácticos o podés usarlo, puedo usar siempre minúsculas como hago yo, podes jugar con el lenguaje.

Cuando Borges hace mucho dijo “El general Quiroga va en coche al muere”, se transformó en ir al muere en algo Coloquial, que tuvo un origen absolutamente culto. Y la poesía crea lenguaje.

Lo que siempre admiré en los poetas, es la capacidad de síntesis…

Hay un poeta que, con algunos he discutido y a mí me fascina, que es el que escribió el libro “Palabras”, donde él decía que en realidad la verdadera poesía es una explosión en el corazón del lenguaje. De golpe vos ves una cosa de un modo, o con una percepción que antes nunca viste y que sin embargo es exacta. O sea, “la aurora de rosados dedos”, vos decís ¡sí!, pero antes nadie lo había dicho. Por ejemplo, en algún momento que hablamos de la poesía en el rock, que vos me citaste una vez y lo escribí en un ensayo sobre ella, que decía: “dos baldes de agua y un puñado de sal, eso es lo que somos”.  Eso es poesía.

O sea, de golpe te pone a pensar, desde una postura, si queréis nihilista, si queréis existencialista o desbordado por la pena donde uno siente que no hay nadie; pero dicho así, hay un movimiento que, dentro de uno, dice algo.

Tenes poetas gigantescos como los dos Castillas en Salta, que también hicieron canciones, ¿cuándo das el paso?

Ya lo he dado. Escribí un tema para para Perro Ciego, que a mí me gustó mucho escribirlo y que lo escribí como canción, no como poesía y encontré quién le ponga música.

En realidad, primero lo ofrecí a amigos, pero vos podés ser premio Nobel, pero para ellos en realidad sos el vago de vago de miércoles que comes asado y que no te tomas nada en serio nunca. Entonces no se dio. Y una vez lo hablé a Salchi, le gustó la letra y me dijo que le iba a poder música, y empezó siendo una balada y terminó siendo un tema extraño dentro de su discografía, porque es rock y pop al mismo tiempo, que eso hace un blues, pero fue un tema muy muy escuchado y que tiene su vídeo. El tema se llama “Ella se va” y tiene 40.000 vistas en YouTube, que capaz que no es mucho, pero para Salta es un montón.

Cuando escribís, ¿Lo haces en un contexto especial o donde te agarras?

Generalmente lo hago cuando me faltan pacientes en el consultorio. Faltan pacientes y guarda, hay algo que está atentando contra lo que es escribir, qué son las redes sociales. Yo tengo que pelear con el tiempo constreñido que tengo para escribir y con la tentación de abrir redes sociales, eso es un hecho complejo.

Pero hoy también hay muchos poetas en línea…

Si, justamente por eso, por ejemplo, si entras a mi Facebook alguna vez, te vas a dar cuenta que de mí no hay nada, que hay una antología de poesía de todo el mundo y poetas de todo el mundo y que yo voy coleccionando de muchas personas o incluso subiendo yo alguno. Es una antología de poesía mi Facebook y de acá a 5 años, tenes poesía de todo el mundo.

¿Tu profesión de psicólogo está influenciando tu poesía?

Creo que no. Al psicólogo lo dejo atado cuando escribo. Pero si, calculo que, si tiene que ver, por ejemplo, que cuando algo me suena a no verdadero por más bonito que suene, lo anulo. Hay una máxima en poesía, que es que no se puede mentir, vos podés decir un barbarazo, pero si es cierto, o lo sentís cierto, escribilo, pero nada que suene bonito y que no sea cierto te lo podés permitir, porque no va.

Cuando vos estás escribiendo, ¿Qué es lo que se te viene a la cabeza? ¿O la tenes en blanco? Te doy un ejemplo, Gabriel García Márquez decía que al le encantaba mirar la hoja en blanco y ahí empezaba a escribir. Si ya tenía algo escrito, ya no podía…

A mí no me pasa. Yo escribo de dos maneras. Se me ocurre un verso, que puede estar al comienzo, al medio o al final y de ahí escribo todo lo demás. O se me ocurre un título, que es una palabra que no necesariamente tiene que ver con lo que escribo después; o empiezo en una hoja en blanco escribiendo, y después descubro que hay un poema y generalmente los cuatro primeros versos son desechables, el poema aparece después. Es como que esas son las maneras, la hoja siempre es necesaria, o el celular o la computadora, simplemente son formatos distintos.

Hay gente que dice que hay una diferencia de escritura en la página o en la computadora, y no, no hay diferencia, te acostumbras al formato y chau.

¿Qué te gusta? ¿Escribirlo o teclearlo?

Eso… a ver, uno de mis mejores poemas lo escribí mientras picaba cebolla, que lo grabé y después lo pasé. Que debe ser la única vez en mi vida que la inspiración y el poema estaba listo.

La inspiración y el esfuerzo. ¿Qué es una cosa y que es la otra?

La inspiración es estar pendiente de lo que se te ocurre. Todos tenemos inspiración, lo que pasa es que todos la dejamos ir, la desechamos. El tema es cuando estás pendiente y te das cuenta de que una frase puede usarse para algo, no hay que dejarla ir. Y a partir de ahí, trabajar. Y muchas veces la inspiración, que uno creía que era inspiración, termina siendo desechable y capaz que no era tan buena. Es como cuando uno suela y cree que es algo maravilloso, lo escribe y no, no era tan maravilloso.

Lo maravilloso es subjetivo siempre…

Totalmente, sí. Para lo bueno y para lo malo. Hay grandes escritores que pensaban que lo que escribían no valía, Sábato o Kafka. Y hay varios que mandaban a quemar los libros los amigos sabiendo que no los iban a quemar, pero en realidad querían que lean para saber si era lo suficientemente bueno para ser publicado, o sea, no tenían en conciencia de lo geniales que eran. Y otras veces pasa al revés, gente que escribe muy mal y que cree que es un gran poeta. También pasa. Es totalmente subjetivo.

Uno no puede decir que es un buen poeta o un mal poeta, eso lo tiene que decir la persona que lee. Cualquiera puedo hacer versos, pero no cualquiera escribir poesía.

No sé cuál es la condición subjetiva que te lleva a escribir bien, la verdad que no lo sé. Hay personas que leen muchísimo, y tienen un nivel cultural extraordinario y la poesía no se le da. Y después hay chicos que veo en barrios marginales que escriben cosas maravillosas y eso la verdad que no, no lo encuentro muchas veces explicación.

¿Quién o quienes te influenció?

Tantos que no te sabría decir. Vos sabes que esa pregunta me la hicieron hace muchos años para un diario local, y la periodista quería que le diga quien de Salta me influyó y yo le decía que no le podía decir quien de Salta porque estamos en una época maravillosa en donde uno lee poesía de absolutamente todo el mundo, incluida la salteña, la del NOA o la argentina. Capaz que me influyó más Girondo o Elliot que Castilla, y sin embargo lo amo a los tres.

Lo que, si te puedo decir, es quienes son mis poetas predilectos: Thomas Eliot, algunas cosas de Allen Ginsberg, y salteños también te puedo nombrar, al peruano Vallejo. En Argentina, Alfonsina Storni, Girondo, Pizarnik, y por supuesto estoy siendo injusto porque me estoy olvidando de muchísimos.

Vos sabes que los tuve que llamar por teléfono a los poetas salteños y contarles “che, vos sabes que me entrevistaron a mí y no a vos que te respeto y te quiero tanto”. Y merecen un reconocimiento que hoy por hoy no lo tienen, o no es suficiente y está bueno hacerles un reconocimiento cuando están vivos porque muchos académicos viven solamente de los panteones y no está bueno. Santiago Sylvester, Leopoldo Castilla, Darío Villalba, Geraldine Palavecino, Carlos Müller. Flor Arias dentro de las jóvenes. Y después están los jovencísimos que vienen con muchas fuerzas como May Rivadeneira. Son poetas vivos, extraordinariamente buenos y que no son conocidos por tanta gente, deberían ser conocidos por más.

¿Jorge Luis Borges te gustaba más como cuentista que como poeta?

Es la pregunta del huevo o la gallina, es exactamente eso. Cuando lo leí como poeta, que fue a los 16 años me deslumbró con un libro que se llama “El Oro de los Tigres”. Me deslumbró. Y cuando leí los cuentos, me deslumbró también. O sea, un fogonazo, un relámpago en cada ojo. Sin embargo, Borges es una persona que no se debe copiar.

Es imposible…

Exactamente por eso.

Y siempre se nota ¿No?

Y se nota, por supuesto. Era una persona que usaba los adjetivos tan maravillosamente y de forma tan única, que se nota. “La unánime noche” o “La noche unánime”; “los irrecuperables colores de la tarde” “Oro ávido”, extraordinario.

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