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Como que me voy, como que me vengo

Frente a la posibilidad de que en las elecciones generales se revierta el triunfo del Frente de Todos sobre Juntos por el Cambio en Salta, el gobernador Gustavo Sáenz marca prudente distancia de unos y otros.
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Hace casi 2 años, en octubre de 2019, una nota de análisis electoral publicada en Revista Salvador comenzaba diciendo “Casi como si lo hicieran a propósito y por la sola necesidad de reafirmar su propia identidad, los salteños marcan constantes diferencias con los procesos políticos que los argentinos en su conjunto deciden para el país”.

Y en la parrafada introductoria de ese texto titulado “Salta, la rebelde” se recordaba que “Cuando los argentinos proclamaron al radical Raúl Alfonsín como presidente, los salteños eligieron al peronista Roberto Romero como gobernador; cuando los argentinos distinguieron al peronista Carlos Menem, los salteños votaron al renovador Roberto Ulloa; cuando los argentinos favorecieron al radical Fernando De la Rúa, los salteños optaron por el peronista Juan Carlos Romero. Y cuando las diferencias ya no fueron de identidad partidaria sino, más bien, de orientación discursiva, siguieron con las diferencias: cuando los argentinos optaron por la peronista ‘progresista’ Cristina Kirchner, los salteños lo hicieron por el peronista ‘conservador’ Juan Manuel Urtubey.

Hoy, a la luz del resultado de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias, puede decirse lo mismo: los salteños siempre se diferencian del resto de los argentinos, con la necesaria aclaración que aquellas fueron ejecutivas y estas fueron legislativas. El oficialista Frente de Todos fue derrotado por el opositor Juntos por el Cambio en la mayoría de las provincias argentinas. Pero Salta, donde las distintas expresiones y denominaciones del kirchnerismo nunca hicieron pie, fue una de las pocas provincias donde el gobierno nacional pudo festejar una victoria sobre la oposición del macrismo.

El secreto de ese triunfo del oficialismo nacional fue la unión con el oficialismo provincial, casi sobre el cierre de los plazos legales para la inscripción de alianzas electorales. En ese momento, un par de meses atrás, era poco probable el fracaso de los candidatos del presidente Alberto Fernández por lo que el gobernador Gustavo Sáenz guardó sus históricas banderitas antikirchneristas y escondió sus banderitas macristas para sellar un conveniente acuerdo electoral. Juntos los aparatos nacional y provincial (al que siempre deben sumarse las estructuras municipales) garantizaban el triunfo. Así fue. En Salta triunfó la lista de la unidad oficialista. Pero triunfó por escasa diferencia: apenas unos 5.000 votos según el escrutinio definitivo cuando el escrutinio provisorio, la noche de la votación, arrojó una diferencia de sólo 2.500 sufragios.

Frente a la inocultable debilidad del Frente de Todos, la irresponsable interna entre la vicepresidenta Cristina Kirchner y (los funcionarios leales a) el presidente Fernández y la sensación de malestar social para con la gestión nacional y provincial y frente a la consolidación de Juntos por el Cambio con Juan Carlos Romero, Alfredo Olmedo, la UCR y el PRO unidos, el gobernador Sáenz duda. No puede abandonar a los candidatos que avaló hace pocas semanas Emiliano Estrada y Pamela Calletti (dicho sea de paso, pequeño ejercicio de memoria, ambos ex funcionarios de Juan Manuel Urtubey) pero tampoco puede pegar su figura a una derrota que licúe la victoria de hace poco más de un mes en las elecciones provinciales. Entonces, sin decirlo pública y enfáticamente, apuesta a un “empate” en la votación del próximo mes de noviembre. Que gane cualquiera, Estrada o Carlos Zapata, pero que gane por poco. Y de paso que el tercer candidato con pretensiones, el ignífugo Guillermo Durand Cornejo, sume los votos necesarios para ingresar también al Congreso en diciembre (en las primarias obtuvo poco más del 12% de los votos que deberá llevar a 15% o 16% para garantizarse una banca). Esa ambigua posición se confirma con un dato subterráneo pero evidente: una parte del gabinete provincial trabaja en la campaña de Estrada y otra en la de Durand Cornejo.

Peronista, antikirchnerista, massista, macrista, albertista. Todo eso fue Sáenz. Y puede ser cualquier otra cosa en el futuro próximo, a condición que su gobierno pueda sostenerse sin sobresaltos (pese a la triste gestión de sus 2 primeros años) y reelegirse en 2023. Su conveniente argumento será que es “salteñista” y que poco le importan los procesos nacionales. Al fin de cuentas, Salta, la rebelde, siempre marcha a contratiempo de la Argentina. Al menos en términos electorales.

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